Por Luis Daniel Álvarez. Hace unos días nuestro compañero de análisis en El Cooperante, el profesor Ricardo Sucre Heredia, a quien aprovechamos de desear una plena recuperación, escribió un agudo y fuerte texto en torno al balance que los distintos sectores de la oposición dejaron en el camino en el año que está por terminar.
El escrito de Ricardo Sucre invita a reflexionar y a tratar de hacer el ejercicio a la inversa y llevar a dibujar los retos de los sectores disidentes para el 2026.
Ante ello, partimos del reciente encuentro de algunos factores en Oslo, Noruega. La realidad no se tapa con el aparataje de redes ni con la construcción de una épica vacía y cursi. Mientras en las redes y en el exterior muchos sacaban fotos con sus mejores galas, se colocaban vestimenta para el frío y departían amenamente mientras empujaban las ideas con un vino tinto con cuerpo en el periplo noruego, en Venezuela la situación era otra. Los fogonazos de los premios y el pescueseo eran distantes para una sociedad que simplemente trata de subsistir y que siente que los que dicen conducir a la oposición desde el exterior los engañaron y solamente han logrado obtener beneficios, fundamentalmente económicos, algunos de más de seis cifras en moneda dura.
Lamentablemente, el paneo no quedó allí, pues resalta con inquietud la presencia de una gama de personajes cuya asistencia inequívocamente se asocia al fracaso. Por los salones del norte de Europa circulaban simultáneamente propietarios de medios que en su momento apostaron por la antipolítica; personas que dicen representar a la Asamblea Nacional cuyo período feneció en 2021; personajes que parecieran, cuales títulos nobiliarios, mantener los cargos para los que fueron electos hace años, haciéndose llamar alcaldes o ministros; supuestos embajadores del llamado gobierno interino; periodistas que son más bien propagandistas; y toda clase de sujetos que convirtieron a Oslo como el centro de la oposición radical aprovechando de grabar con sus celulares de alta gama y mandar videos de la vida en la ciudad, videos que por cierto no pueden descargarse en Venezuela porque la conectividad lo impide.
El encuentro fue también la evidencia de una sociedad que pareciera demostrar que cambia de ídolos y de personajes a seguir con enorme facilidad. Hace unos días los comentarios laudatorios iban hacia un exjefe de inteligencia condenado en los Estados Unidos. Ahora la mirada pasa al presidente del Comité Noruego del Nobel, Jorgen Watne Frydnes, quien se convirtió en el nuevo ídolo de algunos, llegando incluso al extremo de ponerse a hablar de su parecido. En el sentido de verlo como un adalid, faltó que los concurrentes al encuentro, al cual no asistieron varios parlamentarios del país anfitrión en repudio a los argumentos que dieron el premio a la ganadora, gritaran a rabiar “valiente, valiente, valiente”.
Finalmente, los convidados extranjeros son en su mayoría personajes que no gozan de la mayor aceptación en la comunidad internacional. Javier Milei ha demostrado un patético respeto por la seguridad social, mientras que Daniel Noboa violó el derecho internacional público al sacar por la fuerza a un asilado de la embajada mexicana en Quito. Junto a ellos apareció el presidente de Panamá, quien absurdamente estaba preocupado porque no le había entregado un vestido a la homenajeada, mientras que Santiago Peña, Iván Duque y Marta Lucía Ramírez posaban también en la ceremonia. Faltó que asistieran a la gala Bukele, Netanyahu y Bolsonaro para completar un cuadro perturbador. Trump seguramente no hubiese asistido, pues considera que el galardón era para él.
Lo que ocurrió en Oslo es el punto de inicio de un cambio sustancial. Lo que se observó allí es una etapa que tiene que ser superada. La consigna vacía, la mediatización de la acción y la épica de Netflix con la que se narran supuestos escapes, no puede ser el parámetro a seguir en 2026. Urge una verdadera acción política que avance hacia el entendimiento y permita edificar una salida lo menos traumática posible a la crisis que vivimos.
La salida tiene que ir en el sentido del diálogo acompañado por la comunidad internacional. Con fanfarronerías y declaraciones groseras del gobierno estadounidense no hay solución factible, al contrario, cerrar las vías de salida a los venezolanos, confiscar barcos con gasolina, limitar con amenazas los vuelos y mantener en zozobra a la ciudadanía, desvía las vertientes para un entendimiento. Seguramente desde España, con las tapas de jamón serrano y queso manchego y el buen vino, la realidad no se ve clara, pero quienes habitamos Venezuela entendemos que las consecuencias de una acción de fuerza serían catastróficas en lo social y no implicarían un cambio; al contrario, atrincherarían más a quienes gobiernan.
Debe la oposición que está en el país y que entiende lo peligroso del escenario, empezar a tomar la iniciativa sin temer a las redes y su trituradora y a los periodistas convertidos en propagandistas. Lo primero es hacerle entender al gobierno que urge sentarse a conversar con sinceridad y fuerza y que el diálogo es interno, no con los que aplauden a rabiar que se bloqueen las costas y salivan cada vez que algún irresponsable vende la posibilidad de un bombardeo.
El diálogo tiene que girar en torno a una gobernabilidad que pase por la adecuación de los poderes públicos para generar confianza. Un TSJ renovado y un CNE producto del acuerdo son pasos importantes para seguir profundizando en una salida coherente. La amnistía general es vital y daría una buena señal. Triste ha sido que Alfredo Díaz fue noticia solo por un par de días, pues los que están en Noruega lo olvidaron rápidamente y dedicaron sus esfuerzos a tratar de tomarse fotos con la homenajeada, a pescuecear fingiendo llanto y a aplaudir el discurso del noruego, cuyo contenido parecía más un discurso partidista que el insumo de un acto protocolar.
La oposición que está en la línea de la necesidad del entendimiento tiene que hacerse sentir y pasar a tejer alianzas. La foto de algunos personeros opositores con el presidente Petro es un símbolo importante, tanto así que a la oposición que no quiere un diálogo y que aboga por cortar cabezas no le gustó, saliendo a descalificarla y a burlarse. Lejos de amilanarse, ese sector tiene que mantener esa iniciativa, tratando de acercarse a otros personajes internacionales y hacer puentes con países como Brasil, Uruguay, México, España, entre otros.
Esa oposición tiene que hacer que el gobierno entienda que la única manera de evitar una catástrofe es alcanzando un entendimiento y desde esa perspectiva una señal de unidad plena es la posibilidad de pararse firmes contra la improvisación. Debe articularse un proceso que lleve a quienes gobiernan a entender que no habrá retaliaciones y tendrá el grupo en el poder el incentivo para poder avanzar en el acuerdo. Debe la oposición sensata apostar por demostrar que a diferencia de quienes promueven aventuras absurdas y fracasadas como el episodio de 2002, la salida, el gobierno interino o la inmediatez de entregarle la definición a otros países, hay capacidad de articular modelos.
Seguramente hay quienes atacan diciendo que dialogar o proponer un entendimiento es claudicar. Al contrario, es poder ofrecer alternativas que ayuden a que las personas puedan suplir sus necesidades y de que los millones de migrantes puedan crecer o regresar. La enorme mayoría de los que han salido de Venezuela no tienen para satisfacer sus necesidades, de allí que los que pueden viajar a países como Noruega, comer en un restaurante caro y quitarse el frío con su vino reserva, son una minoría.
Tienen quienes hacen política en Venezuela otro incentivo. Los grupos tradicionales que operan en la Plataforma Unitaria son simples siglas vacías, pues abandonaron la política hace tiempo. Algunos por miedo al qué dirán, mientras que otros en un cálculo precario de creer que por incurrir en la lisonja entrarán en el círculo predilecto de un sector que por naturaleza los desprecia. Ese vacío puede llenarse, quedando las organizaciones existentes llamadas a empezar a tornarse en factores interesantes para poder erigirse como alternativa, en un país que requiere soluciones reales y no relatos ingenuos de guacamayas que rescatan personas, presidentes que bajo su melena esconden la salvación o encopetados burócratas que parecieran hablarle a las gradas, mientras que pierden bastiones tradicionales como la alcaldía de la ciudad de Miami.
En medio de la preocupación y de la inquietud, somos optimistas de la oportunidad que se asoma. Quienes pensamos que la solución tiene que ser negociada y trabajamos por ello, notamos que este instante es el predilecto para un reacomodo integral que supere a quienes hablan desde el exterior, que con premios y redes sociales no son más que un frustrante pasado. Vendrá el 2026 y con él una nueva manera de ver la realidad. Si sabemos aprovecharlo, la superación de la crisis estará cada vez más cerca.
Por (www.ElCooperante.com)










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