Don Tiburcio / Freddy Zarichta

Montalbán es un pueblo al occidente del estado Carabobo, de muy bellos paisajes que fue refugio de muchos emigrantes de las tierras europeas, que llegaron posterior a la Segunda Guerra Mundial; entre ellos mi padre de origen Polaco que combatió desde los 14 a los 19 años de edad a las fuerzas fascistas fundamentalmente ubicadas en el África.

Mi madre un hermosa morena, maestra y de finos modales, se enamoro profundamente de ese galán polaco, que generó cierto racismo de algunos colonos polacos por el gran rechazo a este tipo de relaciones. Mi padre fue un hombre muy querido por la población montalbanense, estuvo muy ligado al campo y ayudó grandemente al desarrollo de la agricultura de esa zona.

Allí también habitaba un campesino muy folklórico llamado “Don Tiburcio”, hombre muy trabajador y laborioso del campo, que sentía gran pasión por la política y defendía sus posiciones ‘ideológicas’ a ultranza, tanto que fue capaz de retar con machete en mano a cualquiera que se le opusiera a sus convicciones.

Tenía por costumbre hacer tertulia en casa de mi tía Esther, quien militó en el partido Acción Democrática (AD) y de su esposo Marco Olivero, con trayectoria ‘copeyana’. El Caso es el siguiente: Tiburcio, tal cual sabueso, olfateaba quien podía resultar ganador en las contiendas electorales presidenciales.

El día menos pensado, se presentaba en la casa de mi tía, vestido como un copoe’ nieve incluyendo el machete al hombro pintado de blanco, alpargatas blancas, pantalón, camisa y sombrero hasta el pañuelo; y se sentaba imponentemente con la mirada amenazante y decía:

-¡Yo no sé donde se va a meter Marcos con sus Loros verdes gallina! … ¡Porque la paliza que le vamos a dar va a ser histórica!

Posteriormente llegaban las siguientes elecciones, cuando vislumbraba el triunfo de Copei aparecía como un Loro cotorro con toda la indumentaria verdecita listo para celebrar la victoria y se pavoneaba con su machete verde diciéndoles:

  • ¡Marcos, yo no sé qué va a ser Esther con esos golondrinos blancos, donde se irán a meter!… ¡Porque la cueriza que le vamos a dar lo vamos a poner también verdes y mas nunca se van a parar!

Por allá en la cocina mi abuela Luisa, escuchaba a Tiburcio y le cantaba

  • Dígame ¿Cómo se verá Tiburcio si ganara el Partido Comunista?… ¡Ja, ja, ja Vestido de rojo como un diablo en medio de la calle calurosa de este pueblo… ardiendo como candela!

Y así pasaba Tiburcio entre campo y la política asegurando que jamás sería desleal a sus ideales. De ahí nació el término en mi pueblo “Eres un Tiburcio” que aplica a todo aquel soberano que no pierde la cola en el camión de la victoria. En pocas palabras un hombre de poco fiar.

Hasta aquí el cuento, porque les digo que hoy día abundan ‘Tiburcios’ de toda índole que se le dan de ‘Café con Leche y no llegan ni a guayoyo’. Zánganos, bandidos, oportunistas, arribistas, aduladores y paren de contar que se infiltran vestidos con traje como el que Tiburcio nunca utilizó para gozar de las mieles del poder y cuando ven cualquier remeneón brincan como cucarachas. Son gentes sin principios, sin moral, sin ética, sin ideologías, sin escrúpulos que se exhiben en todos lados hasta en los medios como estrellas de cine por alfombra para buscar protagonismo y poder.

Cuantos ministros, ex ministros, funcionarios públicos, que ayer se mataban por el Gobierno y el proceso, rasgaban sus vestiduras chavistas-maduristas hoy se arrastran como alimañas al mejor postor (casos emblemáticos: Ismael García, Rotondaro, Florencio Porras, Hebert Plaza, Rafael Isea, etc.…son muchos más).

Independientemente de todo, un ser humano debe tener principios morales, sociales, políticos, humanos; aquellos que mantienen un ideal o defienden sus principios son personas fiables, dignos de admirar, estén o no de acuerdo con sus contrarios. Tiburcio, quienes te conocimos te pedimos perdón por el mal uso de tu imagen, talento y principios que tuviste a los largo de tu vida, tenias una virtud: Eras autentico.

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