La milonga del diputado

Por Enrique Ochoa Antich

El diputado camina de aquí para allá en su despacho. Parece un tigre enjaulado. Sus inmediatos colaboradores lo observan, preocupados. El diputado zapatea el piso y todo el Palacio Federal Legislativo parece estremecerse como una hoguera de pasiones.

-¡¿Qué carajo está pasando?!, exclama, como perdido en un laberinto.

Acaban de llegar los últimos cómputos de la remota Argentina. La victoria del peronismo, aunque Macri haya obtenido un resultado mucho mejor que el esperado, perturba al diputado. Ya no lo recibirán en la Casa Rosada con alfombra roja y honores del Regimiento de Granaderos. El diputado comienza a sentirse solo, muy solo.

Acosado por sus fantasmas, llegó a creer que la insurgencia indígena en Ecuador y la revuelta estudiantil y popular en Chile eran obra de agentes maduristas. Ridícula especie que sólo revela desprecio a los pueblos que, a veces imperfectamente pero siempre con hondas raíces históricas, labran por propia mano su destino. Claro, luego de los acuerdos en el Palacio de Carondelet en Quito y del millón de chilenos marchando por Santiago, que abrió sus grandes alamedas para que pasara el pueblo libre, como predijo Allende antes de inmolarse en La Moneda, ya no lo puede decir tanto. Pero esta victoria del peronismo, fraguada voto a voto por la soberanía popular, vacía por completo su necio discurso.

Igual lo estremece la victoria de la centro-izquierda en Colombia. ¿También es obra de Maduro y de los comunistas cubanos? Incluso él mismo se estremece ante tal babiecada. Lo cierto es que su pana Uribe fue derrotado por cachacos y costeños, en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali, Cartagena y Popayán. Perdimos, reconozco la derrota con humildad, ha escrito en Twitter el expresidente de los falsos positivos y el diputado no da crédito a lo que leen sus ojos.

-¿También los reinosos?, masculla para sí, como si fuese Julio César apuñalado por Bruto.

A su abatimiento, a la melancolía que se adueña del alma del diputado, se suma la victoria de Evo por 10 puntos porcentuales, a causa de la división opositora más que de un fraude difícil de creer ahora que la auditoría de las actas se ha abierto al escrutinio de la OEA y de la Unión Europea. Porque hay que reconocerlo, muy lejos del fracaso madurista, el gobierno de Evo y García Linera es tal vez el mejor de toda la historia de ese atribulado país. Otra consideración es su atropello a la voluntad popular que expresada en referendo, confirmó el precepto constitucional que impedía su reelección. Mesa habría hecho un buen gobierno y el recambio en el poder habría fortalecido las nuevas instituciones democráticas bolivianas, factor esencial al desarrollo, allá o en cualquier otro país. Pero así no fue.

Hay un leve rayo de esperanza al otro lado del Río de La Plata. El diputado se abraza a él, por tenue que sea. Sí, el Frente Amplio uruguayo ha ganado (¡Maldita izquierda!, vocea el diputado) pero luego de tres victorias presidenciales en fila, habrá una segunda vuelta y es probable la victoria de la derecha. Ningún drama, es eso que llaman alternancia republicana, la que, si a ver vamos, ha permitido a Europa construir las sociedades más felices que haya creado la raza humana en 5.000 años de historia: un rato gobiernan los que desarrollan las fuerzas productivas con elevados costos sociales si es necesario y otro rato gobiernan los que reparten la riqueza a veces afectando el crecimiento. Algo de capitalismo, algo de socialismo, y así van jalonando. Pero aquí entre nosotros cada uno de los extremos visualiza al poder como una fortaleza propia que no se puede dejar expugnar por el «enemigo».

Lo más curioso del proceder de este diputado sin rumbo es que regala victorias a su adversario donde no las hay. Alberto Fernández ha cuestionado a Maduro y su gobierno, respaldando el informe Bachelet. ¿No habría quedado mejor el diputado si felicita al vencedor en vez de lamentarse de la derrota de su pana Mauricio? ¿No ha dado pruebas el Frente Amplio uruguayo de distanciarse de los anti-democráticos abusos del madurismo? ¿No ha probado la mayoría de la izquierda chilena, que se expresa en el PS, que no comulga con el régimen autoritario venezolano? ¿No ha cuestionado Petro las tropelías de Maduro y sus adláteres? Claro, si lo que el diputado espera de ellos es que, como hace él, caigan de hinojos ante las puertas del Departamento de Estado pidiendo instrucciones, es mejor que se desengañe de una vez. La izquierda que a diferencia de la nuestra, ha sido exitosa en América Latina, es soberanista (además de democrática y liberal).

El diputado se deja caer en la poltrona de una presidencia que nunca fue. Acaricia su mentón, meditabundo. Sabe que además de todo lo aquí contado, en un plazo de algo más de dos años, lo más probable es que Lula regrese al Palácio do Planalto. Sabe que no hay resultados cantados en las futuras presidenciales de Colombia y Ecuador. Sabe que sus socios europeos les sacan el cuerpo a sus delegados dizque embajadores. Y lo peor, sabe que cae en las encuestas y que no hay «cese» a la vista.

-Si los gringos invadieran, si los gringos invadieran, rumia como en una letanía.

Pero la terca realidad es que los marines no se ven por ningún lado, que Trump lo calcula todo de acuerdo a sus intereses electorales y de nadie más, y que su archienemigo Maduro seguirá allí, ocupando el Palacio de Miraflores. Maduro seguirá en Miraflores, sí, más ahora que su gobierno, no con la solidaridad, porque es muy difícil, pero con la aquiescencia y el no-injerencismo de los nuevos gobiernos, tendrá un panorama internacional más holgado. Y el fulano Grupo de Lima continuará ardiendo por los cuatro costados.

Sería hora de poner los pies en la tierra y hacerse a un lado. ¿No le parece, señor diputado?

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