¿Y quiénes son los colaboracionistas?

por Enrique Ochoa Antich

Al ladrón, al ladrón, grita el ladrón. Treta eficaz a la hora huír en volandas.

Pululan entre esta gente que (dizque) debate en Twitter unos que profieren el insulto de marras: ¡Colaboracionistas!, exclaman, como si el insulto irrumpiese desde el sótano oscuro de sus almas. Teclean frenéticos e incendian (creen ellos) las redes.

Y me pregunto yo: ¿quién es quién en esta diatriba?

¿Fue colaboracionista el que en 2002 se opuso al golpe de Carmona o en cambio sí quien al propiciarlo justificó/legitimó la hegemonía chavista sobre la Fuerza Armada?

¿Fuimos colaboracionistas los que ese mismo año rechazamos un paro indefinido (no más de tres días, propusimos algunos en la Coordinadora Democrática) o quienes al impulsarlo regalaron al chavismo el control absoluto sobre la industria petrolera?

Como los godos de Santa Inés, todos a una cayendo en la trampa.

¿Fueron acaso colaboracionistas quienes desde un principio cuestionaron la falsa especie del fraude en el revocatorio de 2004, o más bien quienes (yo entre ellos) al invocar a ese fantasma, vulneramos la voluntad participacionista del elector opositor, lo que nos llevó a una penosa derrota en las regionales y municipales de 2004 y 2005 respectivamente?

¡Cuánta derrota fue necesaria para ver la realidad de las cosas!

¿Colaborábamos con el régimen autoritario quienes queríamos votar en las parlamentarias de 2005, o quienes, con equívocos y maliciosos rumores, nos arrastraron a la abstención más inútil, regalando al chavismo no sólo la institución parlamentaria sino todas las demás?

¡Y luego nos preguntamos por qué la hegemonía chavista y ahora madurista ha durado tanto tiempo! Con enemigos como nosotros, el gobierno no necesita amigos.

¿Fuimos colaboracionistas quienes participamos y votamos en las presidenciales de 2006, y así reagrupamos las fuerzas dispersas, y luego y por consecuencia le ganamos en 2007 el referendo de la reforma constitucional al más poderoso Chávez, ése que venía de obtener más de 60 % de los votos y tenía el barril de petróleo a $ 80? ¿O más bien lo fueron quienes en ambas ocasiones promovieron la abstención, ayudando siempre a que el gobierno obtuviese mejores resultados relativos que los que realmente tenía?

¿Quiénes, quiénes son los colaboracionistas?

¿Los que animamos desde entonces la exitosa ruta democrática, esto es, pacífica, electoral, dialoguista, y soberana, que nos permitió resonantes victorias en los principalísimos estados y municipios del país, en un proceso creciente de acumulación de fuerzas que fue victoriosamente rematado con la conquista, más allá de lo esperado, de una mayoría parlamentaria sólida en 2015? ¿No lo serían acaso aquéllos del resabio extremista, agazapados entre los demócratas, que en 2014 procuraron sin éxito sacarnos de la ruta democrática con aquélla estupidez de La (mal llamada) Salida Ya que sólo condujo a muertes inútiles, inhabilitaciones innecesarias y cárcel?

¿Fuimos colaboracionistas los que al ver bloqueado el revocatorio en 2016 propusimos, rogamos, exigimos a la MUD que negociara, Vaticano mediante, la convocatoria constitucional de las elecciones regionales para ese mismo año, y al año siguiente de las municipales, de modo de continuar con coherencia la ruta exitosa de acumulación progresiva de fuerzas que emprendimos en 2006 y así arribar en plenitud de capacidades a las presidenciales de 2018? ¿O más bien lo fueron quienes pisaron uno a uno los peines de las numerosísimas provocaciones maduristas para sacarnos de la ruta electoral, esos que al final tuvieron éxito en volver a divulgar los mitos del fraude, a encajonarnos en estrategias sin destino como el llamado «cese» …y demás babiecadas, a empujarnos a un confrontacionismo necio que, de guarimba en guarimba, sólo nos ha traído más muerte, más cárcel, más inhabilitaciones, exilio, fracaso y derrota? El guión lo escriben en Miraflores.

¿Lo fuimos quienes durante todos estos años hemos sido dialoguistas, entendiendo que todo árduo, lento y tortuoso proceso de negociación es un campo de batalla como el que más, o quienes cuando se les reta a «conversar con el enemigo» (Mandela dixit ) salen corriendo, inseguros y débiles?

¿Es colaboracionista quien defiende la lucha pacífica, inventa métodos de protesta de resistencia pasiva probadamente exitosos, no le da pretextos al adversario para legitimar su violencia, o quienes, en falso coraje (muchos desde el dorado exilio) agitan la bandera del enfrentamiento violento, siempre y cuando sean los hijos de otros los que vayan en la primera línea del combate?

¿Es colaboracionista quien rechaza invasiones, sanciones inútiles, e injerencias en nombre de la decencia y la dignidad nacionales, o quienes, de hinojos ante el portón del Departamento de Estado, ruegan que la bota militar extranjera holle el sagrado suelo de la patria, como dijo aquél, y todo para no más hacer el ridículo?

¿Somos colaboracionistas los que respetamos a nuestra Fuerza Armada, honramos a nuestros libertadores, y procuramos con nuestros oficiales una interlocución proactiva, constatando objetivas realidades políticas internas? ¿No lo son en cambio los que, hermanados con las derechas colombiana y brasileña, agitan la sangrienta bandera de una conflagración entre hermanos, sólo logrando con ello bloquelar a nuestra institución armada alrededor de su Comandante en Jefe?

¿Fuimos colaboracionistas quienes participamos y votamos el 20M, o quienes permitieron con su abstención que Maduro continuara en el poder sin siquiera hacer fraude, y con un exangüe 29 %?

¿Somos colaboracionistas los que, por tratarse de un hito constitucional inevadible, convocamos a todos a participar en las parlamentarias 2020, si es con Maduro en la presidencia también, o quienes ya anuncian campañas abstencionistas, a cuenta de que si no es sin Maduro no, lo que anticipa que se le entregará al gobierno, en celofán y con lazo rojo, la mayoría en la AN que tantos años costó conquistar (y el madurismo frotándose las manos, claro)?

Hora de quitarse las máscaras, amigos extremistas. Que debajo de esa armadura de gritos, altisonancias, insultos, falsa valentía y vetustos maximalismos, lo que en realidad resta es el más obediente, rendido y vergonzante cómplice del régimen autoritario.

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