El misterioso culto a Trump de grupos venezolanos

Orlando Ochoa-Terán – [email protected]

Entre los factores más comunes del populismo se destaca el culto ciego a un líder. Así ocurrió con Mussolini, Hitler, Stalin, Perón, Chávez y está ocurriendo hoy con Donald Trump. Según el historiador británico Richard Overly, de todos los líderes populistas conocidos el más atractivo para los intelectuales fue Hitler.  Algunos historiadores lo explican indicando que Hitler gozaba de una “afinidad única con el pueblo alemán”.

Sin embargo, es Richard Overly quien ofrece, a nuestro modo de ver, una mejor explicación. Para entender la inclinación de los intelectuales con Hitler, sostiene Overly, es necesario recordarnos que el ser humano siempre ha sostenido un amplio rango de creencias estrafalarias en religión, en política y en superstición. Esta capacidad ha sobrevivido a los más espectaculares avances de la ciencia, de la racionalidad y la comprensión del mundo físico y mental y al proceso de secularización.  El ser humano cree en lo que quiere creer y el populismo, así como uno de sus variantes, el fascismo, han sido descritos como una revuelta contra la modernidad, una rebelión diseñada deliberadamente para crear una arcaica utopía. 

En 1931 cerca del 60% de los universitarios de Alemania apoyaban a Hitler, más del doble de su apoyo popular. En marzo de 1933, a pocas semanas del ascenso al poder de Hitler, 300 profesores universitarios le ofrecieron su respaldo. Martin Heidegger, el filósofo alemán conocido por su contribución a la fenomenología y al existencialismo, fue un nazista de partido. El caso alemán es pues raro en la historia del populismo. No ocurrió con Mussolini, Stalin, Perón, Chávez ni Trump. Hay muchos otros ejemplos que sería prolijo enumerar.

Vidas paralelas

El libro de “Chávez sin Uniforme” de los periodistas Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka se hace esta pregunta. ¿Quién es este hombre que agita un crucifijo mientras cita al Che Guevara y a Mao Tse Tung? Lo mismo se puede decir de Trump. ¿Quién es este hombre que agita la Constitución más democrática del mundo mientras se rinde obsecuente ante Vladimir Putin o declara que cruza cartas de amor con el dictador Kim Jon-Un de Corea del Norte?

“Remachadamente narcisista” lo define Howard Gardner, profesor de posgrado de Harvard quien insiste que el narcisismo de Trump es tan icónico que ha estado archivando video clips de su conducta para futuros seminarios por representar un modelo clásico de este desorden conductivo. El narcisismo, asegura Gardner, es una defensa de su propia infravaloración. Degradar a personas y rivales es la parte B de este desorden de personalidad que se manifiesta en su falta de empatía, de remordimiento o sentido de culpa. Donald Trump, como era Hugo Chávez, es vivo, inculto, mentiroso, comediante, insensible, arrogante, desleal con amigos o aliados y para beneficiarse en lo personal no le importa comprometer la seguridad de su propio país o la de un aliado como lo hizo con Ucrania o Chávez con el Esequibo.  Mientras pergeñaba estas notas, Trump, celebrando el post impeachment en el solemne salón del East Wing de la Casa Blanca, calificó de “mierda” la investigación del Congreso de EEUU sobre sus violaciones a la Constitución. Al congresista que presidió la investigación lo llamó corrupto y de ser una “mala y horrible persona”. En semejantes términos se refirió a la congresista Nancy Pelosi que preside la Cámara de Representantes. ¿Sound familiar? Diría un gringo.

Si se omitiera el nombre de Trump y se le preguntara a muchos venezolanos de clase media a quién le atribuiría las características de personalidad indicadas en el párrafo anterior, con un alto grado de seguridad se podría anticipar que la imagen que le vendría primero a la mente sería la de Hugo Chávez.

No deja de ser curioso pues que grupos de la misma élite intelectual que aborreció con furia el populismo de Hugo Chávez sea hoy seducida por su alma gemela, Donald Trump. No importa la apariencia ideológica sostenidas por Trump y Chávez, la semejanza de sus populismos impresiona. La ideología es irrelevante, en el populismo es generalmente un artificio que enmascara el culto a una personalidad sin brillo intelectual, carente de racionalidad o de estatura moral, pero muy carismática.

“In Trump we trust”

Entonces ¿qué insondable misterio, cultural, sicológico o de aberración política explica este desmesurado culto adulatorio a Trump que encontramos en familiares, amigos, conocidos y en una larga lista de venezolanos, especialmente de clase media alta? ¿Es posible que para estos venezolanos los antecedentes de deslealtad de Trump con su propio país y su ostensible interés, personalísimo como todo lo que hace, no tenga ningún significado? ¿Saben estos petulantes venezolanos que están adheridos a un culto mayoritariamente integrado por labriegos de zonas rurales que son los que conforman en EEUU la cofradía de Donald Trump? ¿No advierten que detrás de estos fuegos artificiales pro venezolanos está un desesperado interés por un no despreciable número de mayameros venezolanos inducidos a votar como zombis en el estado de Florida? Para Trump es crucial, en su desesperada ordalía, ganar las elecciones de este año en las que se juega, si pierde, un nuevo proceso judicial por múltiples delitos, esta vez como un ordinario ciudadano. Un triunfo electoral de Florida le ayudaría a Trump a asegurar la inmunidad que por efectos de prescripción de delitos cometidos en los primeros años de su mandato lo favorecería con 4 años más de gobierno.

Para ilustrar eso que llamo el “insondable misterio” de algunos venezolanos idólatras de Donald Trump, acudo a dos distinguidos y representativos compatriotas que, al tiempo que fueron furiosos oponentes de todo lo que Hugo Chávez personificó, son ahora obsecuentes admiradores de Trump, uno desde Venezuela, el otro desde Miami.

El primero de ellos Aníbal Romero. Un politólogo e intelectual venezolano con una envidiable formación académica europea quien con valentía y consistencia ha abrazado lo que para muchos es una anacrónica o deleznable posición política: la imposición de una ideología conservadora en América Latina. En los 80s Aníbal defendió con vigor y repulsión intelectual el populismo de Carlos Andrés, considerado hoy un fútil ejercicio político si se compara con el desaforado de Trump, con quien, incomprensiblemente, comparte sus extravagancias políticas que él llama “estrategias vitales”.  Basta con leer el título de unos de sus libros para comprender la escabrosa ruta ideológica que Aníbal ha desandado, desde los 80s hasta acá: “La Miseria del Populismo” por Aníbal Romero – Ediciones Centauro 86.

En marzo del pasado año, mientras quien suscribe estas notas titulaba un artículo “La opción militar sobre la mesa ¿Un engaño de Trump? Aníbal contemporáneamente discernía en un enjundioso análisis si Venezuela era un “interés vital” en la visión “estratégica” de Trump para concluir que la invasión a Venezuela no sería como la de Irak o Afganistán sino de carácter quirúrgico. Pasado un año sin invasión Aníbal debería estar inclinado a pensar que el verdadero “interés vital” de Trump está más enfocado en una operación quirúrgica en los condados de Florida donde residen venezolanos que en las playas de Machurucuto.

Otro ejemplo icónico de la adulación venezolana por Trump es la del ingeniero Isilio Arriaga, domiciliado en Miami. En su afán por divulgar lo que fervientemente cree es la “ideología” de Trump, Isilio acude a las redes sociales en las cuales, además de algunos antecedentes personales en su perfil, agrega lo que probablemente estima como su mayor mérito, haber estudiado en la NY Military Academy donde estudió Donald Trump. Hace unos meses abogados del presidente Trump amenazaron públicamente a esta academia con llevarla a juicio si publicaban las notas y reportes del rendimiento académico de Trump que había requerido periodistas del New York Times.

Isilio fue en Venezuela una suerte de asistente contable de los activos de COPEI y en particular los de Eduardo Fernández en momentos que copeyanos malpensados creían que ambos eran indistinguibles. Como muchos venezolanos en las redes, Isilio no concibe una sola idea propia en su veneración a Trump, sólo se limita a retuitear la de todos aquellos que idolatran a Trump con más furia que él, si eso fuera posible. A todos aquellos que quieran ver un modelo de activismo público sobre este novísimo culto venezolano, chequear @isilioarriaga. 7 de Febrero de 2020

Categorías Opinión

1 comentario en “El misterioso culto a Trump de grupos venezolanos”

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