El 27 de febrero visto por los “post millennials”

Se cumplen 31 años del Caracazo. Hay que definir las “generaciones políticas” para entender el impacto del 27 de febrero. Son tres generaciones las que han vivido después del acontecimiento; cada una observa el hecho con perspectiva etaria.

La primera es la que “hizo” el 27 de febrero y hoy tiene más de 42 años. Luego viene la generación de “los hijos del 27” que fue la que vivió el triunfo electoral de Chávez y los sucesos de abril de 2002 y puede ser definida como “la generación del auge del chavismo” que hoy tiene de 28 a 42 años. Pero luego viene otra generación: “los hijos de los chavistas” que hoy tienen de 15 a 28 años y cuya lectura del acontecimiento dista mucho de la generación que produjo el 27 (la de sus abuelos) y la que vivió el auge del chavismo (la de sus padres).

Hay que recordar que el 44,8% de la población venezolana tiene menos de 24 años. Más de la mitad de la población no vivía cuando el Caracazo. Pero más de un 55 % no tiene la edad de recordarlo por haber sido para entonces niños de menos de 5 años.

A quienes llamamos la “generación de los hijos de los chavistas” (indepenientemente de su postura política) son los universalmente llamados “Generación Z” o “postmillennials”, nacidos desde el 95 hasta el 2005. Están “saliendo al ruedo” ya en un período de crisis económica y de cambio conceptual y cultural. Está marcada como generación porque nació, independientemente de su status económico, en un cambio de paradigma como el que no vivió ninguna generación anterior. Por ejemplo, a diferencia de todas las anteriores no tiene empatía por la TV, radio o periódico, a quienes tachan de “analógicos” y “disfuncionales”. Pero el celular es su “fuente privilegiada” de mensajes políticos y culturales. “Naturaliza” Internet, no se imagina un mundo en el que no exista. Relacionan migración y redes recibiendo a diario mensajes de compañeros del barrio, el liceo o universidad que viven experiencias fuera, ya como inmigrantes de otro país, casi siempre de “Nuestra América”. Como miembro de “comunidades virtuales” la Generación Z privilegia estos mensajes a los que intercambian con sus pares y familias cercanos. Todo esto afecta sobremanera los sectores populares donde el chavismo tuvo su “caldo de cultivo”.

Pero en la política también tienen notables diferencias con las generaciones anteriores. No habían nacido o eran muy pequeños cuando el golpe de 2002 (fundacional al chavismo), y las únicas referencias que tienen al respecto son las protocolares. Lo “protocolar” es la forma como el oficialismo absorbe el sentido del acontecimiento y lo convierte en “automático repertorio discursivo” cuya “formalidad” es diametralmente opuesta, en espíritu y puesta en escena, al incorrecto estallido que saca a la historia de cualquier formato preestablecido. Si el 27 es la ruptura de los formatos, lo protocolar es la forma como los formatos se reapropian de una historia “salvaje e incorrecta”. El protocolo “mata” al acontecimiento porque lo vuelve aburrido, gris y senil cuando originalmente era violento, irracional y violatorio de normas elementales y lo convierte más en “Historia Oficial” que en “memoria histórica”.

Si sus abuelos hicieron el 27 y sus padres produjeron el chavismo, a esta generación le tocó asistir a la “muerte de Chávez” como acontecimiento fundacional. Pero además han sido testigos, en algunos casos activos, de una “rebelión de elites” (guarimbas) y una “respuesta oficial” solo represiva y muy poco cultural. Lo que sí no han visto son “masas desbordadas”. La política no la ubican en un “auge popular” que “toma poder” como las dos generaciones anteriores, sino más bien en la lucha de “minorías políticas” que monopolizan la aburrida TV nacional. Es decir, se miran externos a la diatriba política. También vivieron, y algunos formaron parte, de las guarimbas bajo una concepción “antipolítica” y radical que no pudo ser encauzada por el liderazgo político opositor y se le rebeló a él en el primer flirteo. Y de la misma forma se han rebelado al “oficialismo chavista” al desechar su discurso funcional al poder establecido desde que tienen memoria. Ellos no conocieron otros factores de poder que no sean los actualmente existentes en el gobierno y la oposición.

La idea de “irse de Venezuela” entró de manera impactante en su imaginario, si bien es una tendencia creciente en todo el sector popular, se vive de manera “desenfrenada” en esta trama generacional, quienes reciben a diario mensajes de sus compañeros desde otros países y por ende, en contacto directo con otras realidades. Y, aunque son jóvenes criados en familias chavistas, que vienen de la escuela y el liceo público, que fueron beneficiados por muchos programas alimentarios, educativos y de salud, no compartieron el imaginario del “auge del chavismo”, lo que vivieron fue la muerte de Chávez como hito fundacional de su vida política y esto debe ser analizado con rigor. Independientemente que ninguna política tuvo como norte la ideologización, esta generación surgió antipolítica más que apática. Muchos podrán llamarle “traidores”, otros se metieron a guarimberos, bastantes ya se fueron del país pero volverán con riquezas y conocimiento-de-mundo, así que sigue siendo una generación paradigmática.

Su desplazamiento territorial hacia el exterior y político hacia el abstencionismo están generando el envejecimiento del país y de la dirección política, de Estado y de cargos medios y bajos que puede gobernar el tejido social los próximos decenios, lo que implicaría la conformación de una gerontocracia, que en Venezuela significa una clase en el poder donde los que deciden tienen más de 60 años y pertenecen al 20% de la población que ocupa el pico de la pirámide poblacional.

En este sentido estos jóvenes y adolescentes de hoy pueden reconocer en el 27 o 4 de febrero como quien conoce de un acto protocolar dígase 12 de febrero o 5 de marzo. Sin significación alguna, al menos que sea un día feriado, que no es el caso.

Si la generación del 27 es la audiencia de Venevisión y RCTV, la siguiente se empeñaba en intervenir la imagen con computadoras y videojuegos. Pero los teléfonos celulares aún eran analógicos. Se digitalizaron y emergió esta nueva generación. Facebook es el gran escenario de su desplace simbólico. Y en facebook casi nadie hablará del 27 y lo que digan tendrá impacto solo en sus pequeñas redes de amigos. Si La revolución no será transmitida, se llamaba el documental del 13 de abril, podemos decir que el 27 no será viralizado, aunque toda la representatividad política lo recuerde en lo más protocolar de la red twitter.

Si la salsa cabilla era la promotora del saqueo del 27 y el reguetón fue el animador principal del chavismo, es el trap, nacional e internacional, el que define al postmillennials venezolano. Y si aquel se veía representado en Radio Rochela y Por estas calles, este preferirá el humor del instagram y las series por cable o Directv.

Los días posteriores al 27 se dejó leer un avisito en un quiosco que decía: “vendo televisor con máquina de escribir”. Los saqueadores no sabían que se llevaban una computadora porque era un artefacto para la generación que estaría por venir. Si se hubiera encontrado un teléfono inteligente es probable que lo hubiera destruido por parecer un instrumento de inteligencia policial. Definitivamente no eran de la Generación Z.

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Por Sixto García Urbaneja / Supuesto Negado

Categorías Opinión

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