Sin novedad en España

UN reportaje de Mathieu de Tailac publicado en el diario conservador parisiense Le Figaro este 6 de marzo de 2020, informa a los lectores franceses sobre la corrupción de la monarquía fascista española. Su título se traduce así: “El asunto del dinero oculto de Juan Carlos agita a España.” Es un poco exagerado, porque aquí no se advierte ninguna agitación: todos sabíamos desde hace muchos años que el rey decrépito había logrado amasar una fortuna valorada por la revista Forbes en 1.800 millones de euros, bien colocada en bancos suizos, de manera que cien millones más regalados por el tirano de Arabia Saudita no sorprenden a nadie.

También era sabida su incontenible actividad sexual, que según el hispanista Andrew Morton le ha llevado a disfrutar de 1.500 barraganas distintas, según calcula en la página 78 de su ensayo Ladies of Spain, en la edición española (menos el título) hecha por La Esfera de los Libros en 2013: “aproximadamente treinta al año, a partir de los 16 años de edad.” En algo debía ocupar el tiempo, si no tenía otra obligación que hacer.

Con la última, Corina Larsen, que decía ser princesa zu Sayn Wittgenstein, sin serlo, perdió la cabeza cuando entraba en la decrepitud, de modo que no nos sorprende que le entregara 65 de esos cien millones. Ya le había puesto chalé en El Pardo con escolta oficial, y un nidito compartido en los Alpes, y le regaló joyas para complacer su afición a las riquezas: de alguna forma debía compensarle ese esfuerzo inconmensurable que debe de representar compartir la cama con él. Por dárselas de Tarzán con ella se hizo una triple rotura de la cadera derecha en Botsuana la noche del 13 de abril de 2012, por lo fue necesario trasladarlo de urgencia a Madrid en un avión medicalizado para que al día siguiente le implantaran una prótesis, lo que consumó su decrepitud y motivó que ella se buscase compañía más joven.

Historia de esta España

Todo eso era sabido, y no se producía ninguna agitación entre los vasallos adormilados por el opio del pueblo, que es el fútbol. Las costumbres depravados del monarca no escandalizaron nunca a nadie. Mucho más grave es que ocupase el trono por la decisión personal del dictadorísimo criminal, que el 22 de julio de 1969 le designó su sucesor a título de rey para que continuara su régimen genocida, sin que el pueblo haya podido opinar jamás sobre ese acto impuesto que ha aceptado sumisamente, porque lo único que le agita es pensar en qué equipo ganará el campeonato de fútbol.

Así que el rey decrépito continúa manteniendo su colmada agenda habitual, pese las muletas, como ir de cena y copas con los amigos, aunque esté a punto de caerse si no le sostiene un escolta, según lo relató Vanitatis la semana pasada, porque las muletas y las copas resulta fácil que se enreden, y en cuanto se celebren regatas y corridas de toros allí estará él.

Lo que publique la Prensa extranjera acerca de sus negocios no le afecta. Sabe que cuenta con la mansedumbre de unos vasallos drogados, que soportamos una criminal dictadura fascista durante 36 años con demostraciones de adhesión inquebrantable al tirano, y después toleramos durante 39 años que el sucesor designado por él continuara su régimen sin ninguna oposición, y seguimos ahora admitiendo a su hijo porque él le pasó el cetro, sin decir nada porque no se cuenta nunca con nosotros para algo tan fundamental como aprobar la forma del Estado preferida por la mayoría.

Sabe que nadie le va a preguntar por qué se calla ante las informaciones llegadas desde Suiza, respecto a los cien millones de comisión que le pagó su compinche el tirano Abdallah de Arabia Saudita por intermediar en la construcción del ferrocarril a la Meca, ni tampoco por qué motivo le pasó 65 millones a su última barragana conocida, para que no cuente lo que sabe. Él sí se atrevió a increpar a Hugo Chávez, presidente de la República de Venezuela elegido por el pueblo, el 10 de noviembre de 2007 en Santiago de Chile, durante la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, gritándole groseramente “¿Por qué no te callas?”, contra todas las normas de la diplomacia mundial, e incluso de la simple buena educación. A él nadie se va a atreve a preguntarle “¿Por qué te callas ante las acusaciones de tener un comportamiento indigno, no sólo de un jefe de Estado, sino simplemente de una persona honrada?”

No sé donde habrá visto Mathieu de Tailac que existe agitación en España. Desde la Gloriosa Revolución del 18 de setiembre de 1868 aquí no ha habido más agitaciones, porque Alfonso XIII se fue tranquilamente en 1931 a consecuencia del resultado de unas elecciones, y ahora hay fútbol para que el pueblo no hable de otro tema.

ARTURO DEL VILLAR

PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Categorías Opinión

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