“Bahía de Cochinos” como tragedia, Gedeón como farsa

Orlando Ochoa-Terán – [email protected]

‘Todos los conflictos están basados en el engaño’Sun Tzu

Los gobiernos de EEUU tienen una larga historia de fracasos en inteligencia por una arrogante actitud de subestimar a sus adversarios y enemigos. En la guerra contra el Imperio Español en 1898 pensaron que se adueñarían de Cuba y Filipinas apenas con una simbólica resistencia. Las bajas de tropas americanas, de filipinos y cubanos en combate y enfermedades de civiles alcanzaron decenas de miles. En los años previos al ataque japonés a Pearl Harbor los funcionarios del Departamento de Estado se referían a los japoneses como “yellow monkeys”. Años más tarde, despectivamente se referían a los soldados vietnamitas como “gooks”, un vocablo despectivo contra los asiáticos. Y sabemos que pasó.

Igualmente, los milicianos castristas recibieron sus dosis de desdeño cuando tomaron por asalto el gobierno de Batista que más tarde devendría en una revolución comunista a 90 millas de la costa de EEUU. Eisenhower, presto a entregarle la Casa Blanca a John F. Kennedy, no quiso recibir al comandante Fidel Castro en su única visita a EEUU en abril de 1959. Con el traspaso de mando de Eisenhower a Kennedy se incluyeron los planes que el director de la CIA, Allen Dulles había preparado para invadir a Cuba. El presidente Kennedy, haciendo caso omiso al instinto y la capacidad analítica que más tarde le sirvió para resolver la Crisis de los Misiles, aprueba la improvisada invasión diseñada por Dulles, un veterano espía de la 2GM, pero con la salud mental resentida. El fiasco resonó por décadas en Langley y los corredores del Departamento de Estado.

Legado de cenizas

En 1963, la Crisis de los Misiles pone de manifiesto una vez más, no solo la incompetencia de la CIA para prevenir la amenaza, sino la audacia del gobierno cubano para negociar con la URSS proyectiles que podían alcanzar a Washington en minutos. Incluso el desenlace benefició a Cuba. Por obra de una negociación diplomática entre EEUU y la URSS, los Castros quedan enclavados en el Caribe por las siguientes décadas a cambio de que EEUU retirara sus misiles desplegados en Turquía.  

En vano fueron los esfuerzos posteriores de la CIA para salir de Castro por las vías más heterodoxas. No importa cuantas veces lo intentaron (el narcisista de Fidel Castro enumeraba hasta 300 intentos de asesinarlo), el caso es que el asesinato de Kennedy es considerado por teóricos de la conspiración y algunos analistas e historiadores más serios, como una “retribución” castro-cubana de aquellos intentos de asesinato.

En septiembre de 2001, Ana Montes, una portorriqueña analista, la de mayor rango en el Pentágono a cargo de la sección Cuba, fue arrestada por espionaje a favor del gobierno cubano. El hecho ocurrió a solo 10 días del ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono, por lo cual pasó casi inadvertido para los medios. Su arresto tuvo lugar a menos de 24 horas de que se enterara de la invasión de EEUU a Afganistán. Montes es el único agente cubano convicto por el delito de espionaje. Sus compañeros del Pentágono la llamaban la Reina de Cuba.

En 2012, recuerda Anastasia O’Grady de Wall Street Journal, el ex analista de la CIA Brian Latell, escribió un libro que tituló “Castro’s Secrets” en el cual cita al cubano Florentino Aspillaga Lombart, ex agente de inteligencia quien desertara en 1987: “Entonces fue cuando comenzamos a entender que no era el servicio mediocre que habíamos subestimado por años”.

Legacy of Ashes: The History of the CIA, escrito por Tim Wiener, el redactor de inteligencia de New York Times y ganador del premio Pulitzer, es probablemente el mejor análisis histórico que hemos leído acerca de la CIA. Wiener concluye que una larga sucesión de fracasos, que sobreexcedieron sus victorias dejó un legado de cenizas que en ocasiones puso en peligro la seguridad de EEUU.  

La zarzuela

Es muy probable que la repugnancia que Trump siente por la inteligencia tenga algo que ver con el incremento de los niveles de incompetencia de estos servicios en los últimos años. Hecho que explicaría como plausible la versión que corre en Washington acerca de la Operación Gedeón como una elaborada zarzuela montada por agentes de inteligencia cubana y financiada por empresarios chavistas.

Se cree que los cubanos intentaron que coincidiera con la 59a conmemoración de la Invasión de Bahía de Chinos, ocurrida el 17 de abril de 1961.  La puesta en escena de la invasión estaría destinada a asociarla con la de Bahía de Cochinos, al tiempo que ofrecían una versión cómica de las amenazas de Trump que inició en agosto de 2017 con la ridícula “opción militar sobre la mesa”.

¿Bahía de cochinitos? Parafraseando a Marx, los agentes cubanos parecen recordarle a Trump que la historia se repite dos veces: la primera como drama y la segunda como una jodedera, es decir, Operación Gedeón. 

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