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Opinión

Balance de la oposición: espera para ver qué pasa
Mientras el gobierno se mueve en tres escenarios -lograr un canal de comunicación estable con los EUA, ganar tiempo, o resistir- el balance de la oposición para 2025 es que espera para ver qué sucede.

Vale para las dos oposiciones que analizo en el artículo. La oposición que encabeza María Corina Machado -la oposición que está afuera- y la oposición que participa dentro de las reglas del sistema autoritario para cambiarlo, la oposición que está adentro.

La oposición Machado hace, aunque no tiene el control del desenlace que lo posee Trump junto a Maduro. Tiene tres debilidades: nunca asume la responsabilidad de algo, no está en Venezuela, y promueve un discurso que paraliza.

La oposición que participa dentro de las reglas del sistema autoritario no se siente. No hace. Está adentro del país, pero no aprovecha la oportunidad -con los riesgos que trae- para hacer oposición o hacer política.

No tiene estructura, ganas, o tiene miedo a la represión del Estado o a los batallones destroza personas y reputaciones de la oposición Machado. Está inerte. La oposición que está dentro de Venezuela debe pensar en 2026. Puede ser un año de sorpresas, y no por un ataque de los Estados Unidos precisamente.

Si el balance del ejecutivo es que está cohesionado, pero rompió con el país, el balance político de la oposición es que espera para ver qué pasa. No es que la oposición no tenga agencia -está más en manos de la oposición que encabeza María Corina Machado- pero las decisiones están en los EUA, concretamente en su presidente Donald Trump, y en el gobierno de Maduro, el que también tiene decisiones y capacidades. La agencia de la oposición Machado se limita a influir en el gobierno norteamericano y a “esperar para ver qué pasa” (la esperanza ahora está en los ataques quirúrgicos).

Por cierto, el análisis acerca del balance político del gobierno no está tan desubicado, en lo relativo a que el ejecutivo rompió con Venezuela luego del 28 de julio. En una actividad el 1-12-25, el presidente Maduro (RP, del 28 de julio) aseguró que “Hemos logrado un consenso inmenso, una gran unión, más allá de las diferencias políticas, partidistas, ideológicas o de clase social”.

Si fuese así, el relato que Maduro comentaba cuando comenzó la crisis con los EUA acerca del bloqueo a Venezuela en 1902 y cómo Castro liberó a los presos políticos de entonces, en la Venezuela de hoy sería una realidad. No es. El presidente (RP, del 28 de julio) ya no comenta ese episodio. Hacer algo similar a lo que hizo Don Cipriano sería reconocer que en el gobierno de Maduro hay presos políticos y no “políticos presos” como le gusta decir. No tiene el aplomo para liberar a los detenidos políticos y menos a sus adversarios presos que fallecen en custodia de Estado como el caso del exgobernador de Nueva Esparta, Alfredo Díaz (AD en resistencia), cuya muerte en el Helicoide se informó el 6 de diciembre.

Que venezolanos no estemos a favor de la presión de los EUA en contra del gobierno de Maduro no significa que formemos parte del “consenso inmenso” puesto que no hay espacios para lograr uno, como argumenté en al artículo del lunes pasado para El Cooperante. Lo hacemos por un sentido nacional. Somos nacionalistas. Simplemente, sin ser anti-EUA -aunque si hay que pelear contra los EUA en caso de una invasión a Venezuela, estoy dispuesto a hacerlo- no queremos que nuestro país sea tutelado por el Norte o por alguna otra nación que es lo que sucederá si los EE.UU derrocan a Maduro. Ejercerá y cobrará -de eso Trump sabe bastante- su “derecho como ganador”. No será tan sencillo como plantea cierta oposición en sus fantasías: que Trump saque a Maduro, y luego que los estadounidenses resuelven su problema con él por su autoritarismo. Simplemente, Trump sacó a Maduro y ya no nos interesa. No será así. El presidente de los EUA no es de esos que, “gracias por los favores recibidos y hasta luego”. Ejercerá su mando, tutelará al nuevo gobierno, hará negocios -seguramente con las “tierras raras” de Venezuela- y más si aventar al ejecutivo chavista tuvo costos materiales y humanos para los EUA, que los tendrá, así sean mínimos.

De manera que, a diferencia de lo que plantea Maduro, no hay un “consenso inmenso”. En todo caso, el ejecutivo tiene consensos dentro de los espacios que ha construido, pero no sale más allá. No solo rompió con el país, sino que tampoco habla con la nación, en su espejismo del “inmenso consenso” y del “país feliz”.

Vuelvo con el balance de la oposición. Hay dos oposiciones a los efectos de este análisis. El balance es igual para las dos. Ambas esperan para ver qué pasa. Las dos son espectadoras. La oposición que lidera María Corina Machado menos espectadora que la oposición que participa dentro de las reglas del sistema autoritario pero que se diferencia del gobierno y busca la alternancia en el poder, que es la segunda oposición. Otra manera de caracterizarlas es la oposición que está afuera (Machado) y la oposición que está adentro (Capriles, quien hoy es el que tiene voz de esa oposición).

Hay otras oposiciones fuera de estas dos. Como he escrito en artículos previos para El Cooperante, no las tomo en cuenta porque son oposiciones que no se diferencian del gobierno. Por ejemplo, la bancada que está en la AN. No se siente. No se diferencia. Pasó sus 5 años con más pena que gloria.

La oposición Machado domina dentro de la oposición. Los resultados de la primaria de 2023 los extrapoló en el tiempo para imponerse como “la” oposición, apoyada por el hartazgo del público opositor contra partidos e instancias como la MUD, que fueron exitosas, pero sin constancia para mantenerse por la lucha interna por el control de la estrategia opositora, que la oposición Machado domina desde 2013.

Posee un fuerte aparato de propaganda que se encarga de desacreditar y destrozar a cualquiera que cuestione a esa oposición, aunque ya no tiene el dominio como lo tuvo entre 2023 y 2024. Es fuerte en la propaganda y el marketing, pero menos en hacer política. Se impuso por las dos primeras variables, no por la tercera (la política). Todavía no saber hacer política, aunque cree que sí sabe (que no es rogarle a Trump o dedicarle un artículo).

Es la oposición que tiene algo de agencia porque es la que influye en el gobierno de Trump, como sugieren sendos reportajes del NYT y de Reuters, al solapar su discurso del falso positivo del “cartel de los soles” con el discurso MAGA y el America First.

No es que le diga a Trump “qué hacer” sino que en el universo de significados MAGA, el discurso de la oposición Machado tiene eco porque toca los significados del America First, como se observa en lo que Trump dice o, incluso, en documentos importantes como la estrategia de seguridad nacional dada a conocer el 5 de diciembre. Machado cabalga sobre el discurso MAGA. Esa es su habilidad política, no otra.

De aquí su silencio en el tema migratorio -que trata de enmendar con unos comunicados mediocres, hechos para la ocasión, como obligados por la crítica que destaca que la oposición Machado calla y calló frente a la agresión del gobierno de Trump contra los migrantes venezolanos- porque si habla o hablaba, sería arriesgar la comunicación con el mundo de Trump y las posibilidades de lograr la “amenaza creíble”. Por supuesto, no es solo contenido lo que se apoya y solapa. Hay respaldos concretos de figuras como Rubio, Scott, Salazar -invitada al acto del Nobel de la paz, vaya invitados los de Machado, pero dicen mucho sobre su visión de las cosas y en quiénes realmente ve como aliados o cercanos- que mantienen contacto con la oposición Machado y comparten la misma doctrina política: hacia la derecha.

El balance de la oposición Machado es que hace todo para que Trump ataque al gobierno de Maduro o al país para producir una crisis, en la esperanza que eso produzca ¡por fin! el esperado “quiebre de la coalición dominante” que hasta ahora todas las “psyops” que se adelantan desde agosto, no han podido lograr.

Su fortaleza es que domina dentro de la oposición. Es una oposición agresiva, que no se duerme, que hace. Influye en el gobierno de los EUA aunque depende de éste, y está alineada con la derecha internacional, aunque tiene una tensión entre ser liberal, una “derecha convencional” si se quiere, o abrazar la ultraderecha o la derecha radical que es donde en buena medida se ubica su público que habita en tuiter, cada día más radicalizado porque la salida de Maduro no se da.

Caracas / Foto: Archivo.- El lunes pasado fue el balance político del gobierno. Hoy lunes, toca el balance político de la oposición.

Lea también: AD en resistencia exige una “investigación independiente” por la muerte de su dirigente Alfredo Díaz

Si el balance del ejecutivo es que está cohesionado, pero rompió con el país, el balance político de la oposición es que espera para ver qué pasa. No es que la oposición no tenga agencia -está más en manos de la oposición que encabeza María Corina Machado- pero las decisiones están en los EUA, concretamente en su presidente Donald Trump, y en el gobierno de Maduro, el que también tiene decisiones y capacidades. La agencia de la oposición Machado se limita a influir en el gobierno norteamericano y a “esperar para ver qué pasa” (la esperanza ahora está en los ataques quirúrgicos).

Por cierto, el análisis acerca del balance político del gobierno no está tan desubicado, en lo relativo a que el ejecutivo rompió con Venezuela luego del 28 de julio. En una actividad el 1-12-25, el presidente Maduro (RP, del 28 de julio) aseguró que “Hemos logrado un consenso inmenso, una gran unión, más allá de las diferencias políticas, partidistas, ideológicas o de clase social”.

Si fuese así, el relato que Maduro comentaba cuando comenzó la crisis con los EUA acerca del bloqueo a Venezuela en 1902 y cómo Castro liberó a los presos políticos de entonces, en la Venezuela de hoy sería una realidad. No es. El presidente (RP, del 28 de julio) ya no comenta ese episodio. Hacer algo similar a lo que hizo Don Cipriano sería reconocer que en el gobierno de Maduro hay presos políticos y no “políticos presos” como le gusta decir. No tiene el aplomo para liberar a los detenidos políticos y menos a sus adversarios presos que fallecen en custodia de Estado como el caso del exgobernador de Nueva Esparta, Alfredo Díaz (AD en resistencia), cuya muerte en el Helicoide se informó el 6 de diciembre.

Que venezolanos no estemos a favor de la presión de los EUA en contra del gobierno de Maduro no significa que formemos parte del “consenso inmenso” puesto que no hay espacios para lograr uno, como argumenté en al artículo del lunes pasado para El Cooperante. Lo hacemos por un sentido nacional. Somos nacionalistas. Simplemente, sin ser anti-EUA -aunque si hay que pelear contra los EUA en caso de una invasión a Venezuela, estoy dispuesto a hacerlo- no queremos que nuestro país sea tutelado por el Norte o por alguna otra nación que es lo que sucederá si los EE.UU derrocan a Maduro. Ejercerá y cobrará -de eso Trump sabe bastante- su “derecho como ganador”. No será tan sencillo como plantea cierta oposición en sus fantasías: que Trump saque a Maduro, y luego que los estadounidenses resuelven su problema con él por su autoritarismo. Simplemente, Trump sacó a Maduro y ya no nos interesa. No será así. El presidente de los EUA no es de esos que, “gracias por los favores recibidos y hasta luego”. Ejercerá su mando, tutelará al nuevo gobierno, hará negocios -seguramente con las “tierras raras” de Venezuela- y más si aventar al ejecutivo chavista tuvo costos materiales y humanos para los EUA, que los tendrá, así sean mínimos.

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De manera que, a diferencia de lo que plantea Maduro, no hay un “consenso inmenso”. En todo caso, el ejecutivo tiene consensos dentro de los espacios que ha construido, pero no sale más allá. No solo rompió con el país, sino que tampoco habla con la nación, en su espejismo del “inmenso consenso” y del “país feliz”.

Vuelvo con el balance de la oposición. Hay dos oposiciones a los efectos de este análisis. El balance es igual para las dos. Ambas esperan para ver qué pasa. Las dos son espectadoras. La oposición que lidera María Corina Machado menos espectadora que la oposición que participa dentro de las reglas del sistema autoritario pero que se diferencia del gobierno y busca la alternancia en el poder, que es la segunda oposición. Otra manera de caracterizarlas es la oposición que está afuera (Machado) y la oposición que está adentro (Capriles, quien hoy es el que tiene voz de esa oposición).

Hay otras oposiciones fuera de estas dos. Como he escrito en artículos previos para El Cooperante, no las tomo en cuenta porque son oposiciones que no se diferencian del gobierno. Por ejemplo, la bancada que está en la AN. No se siente. No se diferencia. Pasó sus 5 años con más pena que gloria.

La oposición Machado domina dentro de la oposición. Los resultados de la primaria de 2023 los extrapoló en el tiempo para imponerse como “la” oposición, apoyada por el hartazgo del público opositor contra partidos e instancias como la MUD, que fueron exitosas, pero sin constancia para mantenerse por la lucha interna por el control de la estrategia opositora, que la oposición Machado domina desde 2013.

Posee un fuerte aparato de propaganda que se encarga de desacreditar y destrozar a cualquiera que cuestione a esa oposición, aunque ya no tiene el dominio como lo tuvo entre 2023 y 2024. Es fuerte en la propaganda y el marketing, pero menos en hacer política. Se impuso por las dos primeras variables, no por la tercera (la política). Todavía no saber hacer política, aunque cree que sí sabe (que no es rogarle a Trump o dedicarle un artículo).

Es la oposición que tiene algo de agencia porque es la que influye en el gobierno de Trump, como sugieren sendos reportajes del NYT y de Reuters, al solapar su discurso del falso positivo del “cartel de los soles” con el discurso MAGA y el America First.

No es que le diga a Trump “qué hacer” sino que en el universo de significados MAGA, el discurso de la oposición Machado tiene eco porque toca los significados del America First, como se observa en lo que Trump dice o, incluso, en documentos importantes como la estrategia de seguridad nacional dada a conocer el 5 de diciembre. Machado cabalga sobre el discurso MAGA. Esa es su habilidad política, no otra.

De aquí su silencio en el tema migratorio -que trata de enmendar con unos comunicados mediocres, hechos para la ocasión, como obligados por la crítica que destaca que la oposición Machado calla y calló frente a la agresión del gobierno de Trump contra los migrantes venezolanos- porque si habla o hablaba, sería arriesgar la comunicación con el mundo de Trump y las posibilidades de lograr la “amenaza creíble”. Por supuesto, no es solo contenido lo que se apoya y solapa. Hay respaldos concretos de figuras como Rubio, Scott, Salazar -invitada al acto del Nobel de la paz, vaya invitados los de Machado, pero dicen mucho sobre su visión de las cosas y en quiénes realmente ve como aliados o cercanos- que mantienen contacto con la oposición Machado y comparten la misma doctrina política: hacia la derecha.

El balance de la oposición Machado es que hace todo para que Trump ataque al gobierno de Maduro o al país para producir una crisis, en la esperanza que eso produzca ¡por fin! el esperado “quiebre de la coalición dominante” que hasta ahora todas las “psyops” que se adelantan desde agosto, no han podido lograr.

Su fortaleza es que domina dentro de la oposición. Es una oposición agresiva, que no se duerme, que hace. Influye en el gobierno de los EUA aunque depende de éste, y está alineada con la derecha internacional, aunque tiene una tensión entre ser liberal, una “derecha convencional” si se quiere, o abrazar la ultraderecha o la derecha radical que es donde en buena medida se ubica su público que habita en tuiter, cada día más radicalizado porque la salida de Maduro no se da.

Finalmente, tiene el prestigio y el leverage político que un premio Nobel de la paz otorga, porque es más un reconocimiento político, a diferencia de un Nobel de medicina sujeto a una suerte de arbitraje y “peer review”.

Su debilidad descansa en cuatro puntos. El primero, nunca asume la responsabilidad de nada. Con su auto construcción de “moralmente superior” que le da como una especie de “licencia para todo”, se abstrae de sus fracasos -que son bastantes y que han llevado a la oposición a un callejón sin salida más de una vez- y los pone en otros o, simplemente, no existen o los niega.

Como Trump, Machado tiene una habilidad. No es valiente -hablar de “narcotiranía” no impresiona- sino que sabe alejarse cuando las cosas van mal o pueden ir mal, como fue su caso durante el interinato. Estuvo allí, pero ahora parece que nunca estuvo cuando Guaidó fracasó.

Machado es hábil en distanciarse de los fracasos y quedar como si nunca hubiera terciado en la política de Venezuela sino hasta ahora cuando, en realidad, tiene por lo menos 20 años en ella, influyendo, pero con su aire de “dignidad” logra ponerse por encima de la “petit politique” de la que no participa -queda en manos de sus agentes o de sus batallones destroza personas y reputaciones que hacen el “dirty job”- por lo que siempre queda incólume.

María Corina participa, fracasa, pero para su público los fracasos son de otros. Esa es su habilidad. Algo como un teflón político que incluso ahora que pide una “amenaza creíble”, le funciona. Habla de “horas finales”, etc pero luego pasa a un hábil silencio y que sean otros -principalmente los norteamericanos- los que lleven la voz como sucede ahora con el escándalo que sacude a los EUA -allí todavía importa la “rule of law” y el “due process”- sobre los reportajes que sobrevivientes del primer ataque a un peñero el 2 de septiembre, fueron rematados. Hay silencio del sector Machado en este asunto como en otros (el CECOT, por ejemplo). No son tontos como para meterse en ese fuego intenso en los EUA que los va a chamuscar porque esa oposición será interpelada por qué soldados norteamericanos deben arriesgar su vida por unos venezolanos que solo están en tuiter, cómodos, jugando a la resistencia. Que es el debate que abrirá la War Powers Resolution si se invoca. No es casual que en los dos intentos que se han hecho para hacerlo y que han fracasado, los tuiteros de la oposición Machado celebran que no se invoque. Si pasa, serán interpelados y tendrán que asumir la responsabilidad de algo alguna vez en su vida, que es lo que no quiere. Perdería su manto de “dignidad”. Serían de “carne y hueso”.

Su segunda debilidad es que sus principales líderes no están en Venezuela ni tampoco las cabezas más visibles de su aparato comunicacional, lo que les resta fuerza para invocar una lucha de liberación nacional o un proceso de “transición nacional”. Simplemente le ruegan a Trump que saque al gobierno y les entregue el poder. Incluso, hasta niegan que será un gobierno tutelado por los EUA pero la verdad es que el Norte hará la transición o, mejor dicho, impondrá una transición con sus bombazos, y la oposición Machado es la escogida para representar los intereses de los EUA en Venezuela.

Estar fuera de Venezuela le resta fuerza política, evidente en el esfuerzo de sus tuiteros de negar, por ejemplo, la distinción entre los “venezolanos que están afuera y los venezolanos que están adentro”, o diferencias doctrinarias. Sus tuiteros y su aparato de propaganda y marketing hacen un esfuerzo para construir que no hay diferencias sino “todos unidos” para solaparse con la cotidianidad dentro del país, mostrar que son “resistencia”, y que adelanta una lucha nacional y no tercerizar en los EUA para alcanzar un cambio de gobierno. Por eso esa oposición afirma “que el regime change ya se dio”. El problema es que no se ha dado en los hechos, que fue lo que prometió haría en julio de 2024. Es un futuro que hay que hacerlo viable, pero la oposición Machado no tiene esa capacidad. Si la tuviera, no rogaría a Trump por los bombazos.

Su tercera debilidad es el discurso que construyó para tratar de imponerse pero que paraliza e inhibe dentro de Venezuela. Por supuesto, es un discurso para dominar. El poder también son palabras o las palabras se hacen poder (vid. Scott, James. “Los dominados y el arte de la resistencia”).

Quienes estamos adentro somos construidos como sujetos sin agencia -y sin voluntad- oprimidos por “la tiranía”. Cierto que la represión del Estado pesa y mucho -por ejemplo, está el muy buen comunicado de la hija de Edmundo González Urrutia sobre la situación de su esposo, Rafael Tudares, un comunicado que debe ser leído por lo que plantea, principalmente la desaparición forzada de su esposo- pero se nos quita cualquier agencia para hacer algo. Somos algo como “pobrecitos, unos incapaces políticos”.

Un ejemplo. En tuiter se comunicó -creo es parte de la “psyops”, las que también están desesperadas- que en las alcabalas detienen a personas y les exigen que escriban mensajes contra Trump y a favor de Maduro. Lo que llamó mi atención es la respuesta conformista, de someterse por el miedo a la represión ¿No habrá un gesto Rosa Parks? O algo menos arriesgado ¿Algún “geek” hará un manual para evitar eso o para trucar mensajes y engañar a la policía? Nada. Ninguna iniciativa. El espectáculo en redes sobre “la tiranía” pero ninguna resistencia real. El miedo que produce el discurso de la represión paraliza para hacer cualquier cosa.

El discurso del miedo, también, se convirtió en parte del statu quo y en un mecanismo para justificar la comodidad y el conformismo. No se resiste, se acepta, pero se crea un mundo virtual o paralelo en redes que “hace como si” se viviera una vida en resistencia, pero es una vida muy conformista dentro del sistema autoritario. Es una “resistencia normalizadora” no retadora que es lo que una verdadera resistencia es.

Los que están afuera tienen agencia y son los que hablan por quienes estamos adentro. Pueden hacerlo. Los que estamos adentro no podemos por nuestra vulnerabilidad política. Con esa construcción se disminuye a quienes estamos adentro, sea en nuestras acciones, sea en nuestras opiniones. Si tenemos algo de agencia somos sospechosos. Como un infame propagandista de la oposición Machado, quien pretendió cuestionar a un analista no venezolano pero que vive en Venezuela “porque camina tranquilo por las calles de Caracas”.

El discurso de la oposición Machado crea culpa para controlar. Si camino tranquilo soy “normalizador y colaboracionista”. Debo estar preso para validar que soy opositor, aunque el infame propagandista no vive en Venezuela y camina libre. Ojalá se viniera para acá y viviera con quienes estamos adentro, que asumimos nuestros riesgos, pero no renunciamos a tener agencia, a tener opiniones, y a ser nacionalistas.

De ahí que “influencers y famosos” -y tuiteros silvestres- con un disfrute cruel porque personas no pueden viajar en este momento ¡El viernes 5 de diciembre no pocos celebraron que no hubo vuelos de líneas internacionales! Es como que hay que destruir todo para ver si Trump, por fin, manda los B2 y B52 con bombas. Es la crueldad que se justifica con los “sacrificios necesarios” para la libertad mientras que quienes los promueven, están afuera, y pueden viajar a donde les plazca. La oposición Machado pasa por su momento más vergonzoso gracias a su aparato de propaganda y de marketing.

Se busca, entonces, la culpa, la vergüenza, el “yo no merezco” para producir pasividad, para que la persona no haga nada. Se sienta incapaz. Sin eficacia. Con eso, la oposición Machado busca dominar dentro de la oposición y promover la primacía de quienes están afuera porque “son los que pueden”.

Finalmente, su cuarta debilidad es que no es política. Lo es porque busca el poder, pero no lo es porque no articula, sino dirige. Está en su derecho de rechazar a los demás políticos de la oposición. Hacerlo no la hace menos política. Lo que no consigue dentro de Venezuela lo halla afuera, como es con el gobierno de los EUA. Lo que sí no la hace política es desacreditar y destrozar a quien no se someta a su mando. En esto no es política. Es autoritaria. Es una oposición aislada, con un relato de marketing de la “heroína” pero solitaria, con apoyos en tuiter o como masas como se observó durante la campaña. No es un liderazgo horizontal sino de mando y obediencia. En otro momento pudiera funcionar, pero si quiere ser la líder de una “lucha nacional” debe hacer política horizontal. Relacionarse con todos sin desacreditar, con habilidad para tejer y construir. Machado no tiene eso. El precio de ser pura, sin máculas -que tiene y bastantes, pero su imagen es prístina- es que se acerca al poder, pero éste se le escabulle, se le escapa. El poder requiere acuerdos. María Corina impone, no acuerda.

Es el balance de la oposición Machado: domina dentro de la oposición, pero no tiene las palancas para producir un desenlace político dentro de Venezuela. Tiene que bregarlo con un tercero que, en este caso, son los EUA. Depende de lo que Trump decida.

Entro en la segunda oposición que existe. La que participa dentro de las reglas del sistema autoritario, pero busca la alternancia (es la oposición con la que me identifico). Me refiero a partidos como UNT, Unión y cambio; dirigentes como Capriles o Rosales, entre otros.

Si la oposición Machado tiene agencia, la oposición que busca la alternancia no tiene. Pudiera tenerla, pero no quiere, porque puede. Desapareció. Está en hibernación. En un letargo. No aprovecha el momento con sus riesgos, para hacer trabajo político. Se limita a tuiter y a las vías digitales, pero no trasciende en lo político.

Es una oposición que comunica falta de voluntad de poder y de ganas. Sencillamente se limita a ser espectadora de la situación de Venezuela y, como la oposición Machado, está a la espera “que pase algo”, pero no hace algo desde adentro para que ese pasar suceda o, por lo menos, sea viable.

En mis artículos para El Cooperante propongo el tema de los presos políticos como “política pública” para la oposición, porque se habla mucho de ese tema, pero no hay acciones concretas.

Por ejemplo, la hija de EGU publicó un buen comunicado sobre la detención de su esposo -lo comenté arriba- pero nada. El escándalo y la atención, ahora, hacia el nuevo héroe para cierta oposición. El que va a producir o catalizar el quiebre: el “Pollo” Carvajal. El comunicado sobre Tudares se olvidó -apenas duró un día, si duró- y la atención ahora la tiene Carvajal. Más se habló de las sanciones a Rosita que del comunicado de la señora Tudares. Así va la resistencia. Sin constancia -solo para rogarle a Trump que mande unos Tomahawk- un día una cosa, al día siguiente otra.

Igual con el caso de Alfredo Díaz ¿también se olvidará la semana que viene? ¿Hará algo frente al Estado para conocer la situación de Díaz antes de morir?

La oposición que busca la alternancia pudiera tomar este y tantos otros casos para hacer política, para darlos a conocer. No vale excusarse que si está en conversaciones con el gobierno -que en el pasado reciente logró liberaciones de presos políticos- porque el contencioso o la pugnacidad no se detiene en una negociación. El ejemplo que siempre se pone de las negociaciones durante la guerra de Vietnam entre el Norte de esa nación y los EUA.

Los partidos igualmente desaparecidos o no se sienten. De UNT o Unica no se escucha algo. Algunos dirigentes en redes están en otros asuntos, no en llevar un partido en un momento delicado como el que vive Venezuela. El silencio que se explica con que “se hacen cosas que no se ven” pero que realmente significa, “no hacemos algo”.

No cumplen con sus funciones para articular, combinar, y canalizar. El sistema autoritario no es excusa. No se ven verdaderas direcciones nacionales con posturas. Algunos como el MAS y el PCV mantienen la disciplina de ruedas de prensa semanales, pero otros partidos tienen meses que no fijan una posición frente a cualquier tópico que domine la vida de Venezuela.

Tampoco se atreven -figuras políticas como Capriles sí lo hacen, pero como dirigente de Unica necesita articular, no hacer solo unos live- a construir espacios o promoverlos para desescalar las tensiones y la polarización que hay en la nación y que la oposición Machado niega en su “Mundo feliz”.

No pueden, no quieren o -lo que creo- tienen temor a que los destrocen en redes sociales. Todos pasan con bajo perfil. No hay voluntad para afirmarse políticamente. Para luchar. Para ser el político de Weber: aquel que persiste aun cuando su mundo se viene al suelo. No. Aquí, el mundo se viene al suelo y se repliegan a esperar mejores tiempos o buscan a quienes responsabilizar.

No sé qué sucederá con el pulseo Venezuela-EUA. Asumo que Maduro se mantendrá con concesiones a los EUA. Así las cosas, la oposición que busca la alternancia tendrá la oportunidad para hacer política porque la vida de Venezuela seguirá y el gobierno tendrá que tomar decisiones si el presidente (RP, del 28 de julio) se mantiene. Oportunidad para la oposición que está dentro de Venezuela.

En una reciente entrevista a Fox, Marco Rubio afirmó que los EUA logran acuerdos con China, pero con Maduro no es posible “porque no cumple su palabra”. El secretario de Estado tiene un punto. Añadió que Maduro “no cumplió con Biden, pero eso no pasará con Trump”.

Una tarea para la oposición que está adentro ¿Cómo hacer para que el gobierno mantenga su palabra? ¿Qué se puede hacer dentro de Venezuela? Nada de eso se plantea o se analiza.

En enero de 2026 se instala la nueva AN. El 10 de enero, Maduro ofrecerá su mensaje a la nación ¿Sorprenderá con alguna iniciativa? Maduro es burocrático, pero se arriesga en momentos, aunque creo que las sorpresas del gobierno ya no son tan eficaces como en el pasado, pero las puede hacer ¿La esperada reforma constitucional? ¿Otra constituyente? ¿Anunciar un acuerdo con Trump? ¿Deslizar algún tipo de elección? ¿Una transición, pero diseñada desde el chavismo?

Lo que quiero decir es que la oposición dentro de Venezuela tiene trabajo y retos, pero está apática, sin iniciativa ¿Va a esperar a que la eventual sorpresa en 2026 los despierte? Con un escenario así es como para que los partidos estén activos, con una vigorosa vida interna. Pero no, no se hacen sentir y no tienen presencia. No promueven sus doctrinas, tampoco trabajo político en la calle. Ni siquiera lo poco que producen como el comunicado de PJ sobre sus propuestas, sale de tuiter. No hay algo como unos chicos que se paren en un semáforo con una pancarta con el comunicado para que el público lo vea, o la dirección nacional que viaja por el país con el mensaje. Se justificará la inacción con que es peligroso y los integrantes pueden ser detenidos por “la dictadura”. El gobierno creó su Frankenstein con la represión, y el país le teme. Ya no tiene que hacer nada. De hecho, casos sobre la represión del Estado ya no hacen mucho ruido o duran poco como noticia. El país lo acepta como parte de la cotidianidad, aunque no esté de acuerdo con el gobierno de Maduro. Está condicionado por el miedo.

Es el balance en general para la oposición durante 2025. Para decirlo en términos de Trump, las dos oposiciones afirman, “bueno, vamos a ver qué pasa”.

Nota bene: con este artículo cierro mis análisis para El Cooperante durante 2025. No fue fácil este año por mi cáncer. Sin embargo, mantuve el artículo cada semana durante un año -que coincidió con el tratamiento, que fue intenso dado lo avanzado de mi cáncer- con su misma extensión y calidad. No sacrifiqué espacio por comodidad. Así soy.

En enero de 2026 tengo prevista una segunda operación derivada del cáncer. Aspiro a retomar los artículos al primer momento luego de enero, que tal vez sea la tercera o cuarta semana del mes o la primera de febrero -¡eso espero!- para analizar lo que ya es y será un complejo año en lo político para nuestro país.

A quienes tienen la gentileza de leer esta columna todos los lunes y al público en general ¡una feliz Navidad y un exitoso 2026 para ustedes y sus familias, con mucha salud y mucha prosperidad!

Ricardo Sucre Heredia (El Cooperante)

Noti75VargasAdmin

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