BORRASCAS BÉLICAS / Isaías A. Márquez Díaz

Parece una historia de aventuras que por el hecho tan simple de auxiliar a una nación en crisis humanitaria a causa de un régimen nefasto que al intento de introducirla, éste conlleve motivo de tensiones entre dos naciones hermanas y bolivarianas, situación que ha motivado el posicionamiento de contingentes armados (FAES) hacia la zona fronteriza colombo-venezolana ya que se presume una invasión militar, muy justificada, a través de ese espacio en virtud de que el gobierno venezolano no ha estado en capacidad de atenderla sino de subestimarla mediante argumentos pueriles, desfasados y estériles, responsabilizando a la ONU, al Grupo de Lima y hasta una denominada “FÓRMULA ARRIA”, considerada como el paso definitivo a fin de que el Consejo de Seguridad decida acerca de una actitud más enérgica hacia Venezuela, lo cual no se trata de un procedimiento exhaustivo y/o formal, sino circunstancial.

Por otra parte, durante los tiempos de Chávez la tensión política slcanzó momentos críticos ante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez en el marco de la lucha contra los grupos irregulares que operaban y aún continúan operativos pese a los Acuerdos suscritos.

Hoy día, con la ayuda humanitaria en puerta, cuando, desde 2015, de acuerdo con invitación del propio Maduro, según anunció el secretario general Ernesto Samper. UNASUR está dispuesta a colaborar en frontera colombo-venezolana, ahora sale con semejante displante.

Podríamos estimar, entonces, que Maduro está desempeñando un papel protagónico al fungir de víctima ante un escenario ficticio a fin de ganar tiempo y urdir estrategias/tácticas dilatorias ante cualquier decisión sobre su investidura; bien interna o bien ante la CPI de La Haya por delito de lesa humanidad, imprescriptible e inexpiable.

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