El 3E es un día “histórico”, para complacer nuestra humildad nacional, en su buen y peor sentido. Durante 27 años el sistema político dejó las vísceras demostrando que no podía pactar, coexistir, cambiar, abandonar la prepolítica del ultimátum, ni conseguir la bocallave. (Luis XVI era marido disfuncional de Antonieta. Como su hobby era la cerrajería, el pueblo comentaba que “no le conseguía la cerradura”) Los nuestros se divertían con dinamita sobre los pozos petroleros y estabilizar devino insulto contra “normalizadores” o “colaboracionistas”. En mi caso, lo soy más que nunca, por normal. No se sabe si la frase “vive y deja vivir” es de Platón, Sócrates, Diógenes o de Jarabe de Palo: Odiar a quien dice algo que no entiendes, es primate.
Vamos claramente hacia una eventual “sociedad abierta”, llena de defectos en el camino y también en la llegada (la teoría oficial de los enemigos de las democracias es destruirlas por sus errores). En los estudios históricos, transición deviene un racimo de temas apasionantes y complejos, útiles para examinar lo que vivimos. La frase del hoy expresidente Rafael Correa, “la región no vive una era de cambio sino un cambio de era” no fue mas que flatus vocis, sonoridad y se perdió in lo spazio senza fine. Muchos no procesan que por millonésima vez esa no era la vía y siguen, suicidas, como los personajes descritos por Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios.
Chirridos y otras cacofonías marginales aún despiensan en clave de ideologías primitivas, cuya derogatoria final fue el propio 3E, e insinúan salir a “pelear” con los norteamericanos. Parecen decididos a que otros mueran por la patria, aunque hace 24 siglos, Aquiles, furioso porque el rey Agamenón le quitó a Briseida por la fuerza, le restriega “en la guerra los jóvenes mueren y los viejos pactan”. Dicen en Tanzania que “quien molesta un león dormido, no ha visto el zarpazo” y nos arrancó las narices. Cuestionan la transición porque ellos no la dirigen, es lenta, superficial, insuficiente y por cualquier cosa, porque quieren “elecciones ya”. Lo único que les interesa es su acomodo.
Esa es la prioridad de quienes solo piensan en cuotas y una firme prueba de demencia. ETA asesina a Carrero, sucesor de Franco, para crear caos y romper una transición que no los favorecía, pero lograron lo contrario y continúan la matanza de inocentes hasta llegar a nowhere. El MIR chileno asesina a Jaime Guzmán, senador estrechamente vinculado a Pinochet, para precipitar un golpe de Estado contra el “derechista” Patricio Aylwin. “Imperialistas vegetarianos”, como diría Carlos Alberto Montaner, presidentes de EE. UU, abordaron los problemas con nuestro país dentro de la legislación internacional, hasta que apareció allá un caudillo revolucionario.
Un país “pequeño” con las mayores reservas de crudo en el planeta, es una incalculable fortaleza, pero también incalculable peligro, como un adolescente con Rolex President en la muñeca. Por ignorarlo recorremos desde el 3E las nueve estaciones del Gólgota para recuperar la soberanía y unas relaciones sin crispación con EE. UU, como siempre debieron ser. El 3E viene de la insuficiencia de nuestra política para manejar sensatamente una situación inestable que conviene viviseccionar. Los dementes convencen a EE. UU de bloquearnos; denunciar al “cartel de los soles”, “el tren de Aragua” y el “narcotráfico”, que serían las trompetas de Jericó para “quebrar” y desplomar el régimen.
“Se rompería la coalición gobernante”, “tesis” que resultó descalabrada, estúpida, venenosa, y EE. UU cae en una trampa. Si invadían territorialmente, modelos de simulación indicaban que, por sus dimensiones parecidas a Irak, tendrían que desplegar 400 mil soldados en Venezuela, con más o menos 40 mil bajas básicamente civiles, en un país vecino y de la comunidad hispanoamericano, el apocalipsis geopolítico. Tampoco podían “volver a casita”, como si nada. De ahí surge la complejísima operación express de Marco Rubio, sin invasión territorial, que deja el poder formal en manos de quienes detentan el poder real: el PSUV con las gobernaciones, alcaldías, la Asamblea y el aparato administrativo-militar.
La acción congela a los “felices herederos” radicales que no tienen ni un mosquito electo. Al inhibirse en elecciones regionales, como lo dijimos por décadas, quedan borrados del mapa político-operacional, ahora del Departamento de Estado. El 3E deja a todos sorprendidos, pero los radicales quedan estupefactos, al decir de Andrés Bello. La noche del rapto de Maduro, se veían entronizados en Miraflores, e inolvidables homúnculos brindaban con vino tinto. Luego, la decepción los puso al borde de un ataque de nervios, groggy, wild, desvariados, reggetónicos, punk. Haber concebido una jugada de tantas bandas, hace pensar que Rubio vino para quedarse, pase lo que pase en EE.UU.
La oposición fue-es principalmente una exitosa operación financiera con los millones del apoyo internacional, recursos del Estado, cargos fantasmas. Surge la “diplomacia” de tartufos, oposi-turísmo, aquelarres y ordalías de la “presidencia provisional” y “la asamblea legítima”, tema para los historiadores del timo. Están contra la transición, naturalmente, porque ellos no la controlarán. Un cambio gradual es la principal amenaza a las rentas que les permiten vivir decorosamente en cualquier espacio del salvaje mundo. Por eso rechazan todo lo que se haga fuera de su cuidado, como la apertura petrolera de la Ley de Hidrocarburos, y la Ley de Amnistía.
Despliegan extravagancias argumentales para salvar la honrilla: “yo controlo 80% de las FF. AA”, “sin 28J no hay 3E”, “nosotros somos la oposición”, en parodia de la Noche de los muertos vivientes de Romero. Se histerizan ante la palabra prohibida, “transición”, como los vampiros clásicos frente a la cruz (nada que ver con Wesley Snipes, el vampiro cazavampiros inmunizado) porque podría significar el fin de su “reino de las sombrías ayudas”, un Van Helsing. Pero la transición no asegura su propio triunfo. Ocurren remedos de titanomaquias, extremos en guerra, contra el centro que la preserva. Los restauradores y reaccionarios niegan el cambio por odio al cambio mismo. Y cuando derrotan la tríada entendimiento -estabilidad- cambio, puede irrumpir un Bonaparte del 18 brumario de 1799 y declarar: “la revolución ha terminado”.
@CarlosRaulHer










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