Sebastiana Barraez / El silencio de Rafael Ramírez

“Se apartaron a los compañeros que durante tantos años fuimos Ministros de Chávez”.

En esa frase de Rafael Ramírez Carreño se concentra todo el conflicto entre Nicolás Maduro y el otrora poderoso hombre de Petróleos de Venezuela. Una de las primeras acciones que el presidente de la República intentó, cuando ganó en el 2013, fue destituir a tres hombres claves: Manuel Antonio Barroso Alberto, de la presidencia de Cadivi (junio 2006-marzo 2013), a Rafael Ramírez Carreño ministro y presidente de PDVSA (2002-septiembre 2014) y a José David Cabello (jefe del Seniat desde 2008).

Maduro sólo logró destituir a Barroso, a los pocos días de haber ocupado la presidencia, pero lo debió enviar a un cargo diplomático y ascenderlo a general de brigada en julio 2015.

Con Rafael Ramírez le costó más de un año sacarlo de PDVSA. Cuando lo hace, Ramírez se niega a abandonar el cargo, se atrinchera con militares en la principal sede de la estatal petrolera y se apresura a negar que hubiese sido destituido. Pero la decisión de Maduro estaba tomada y menos de dos meses después, sin mayor anuncio, y como quien se va por la puerta trasera, Rafael salió de la empresa más importante del país y con ello perdía el encanto que da el verdadero poder.

Para ese momento, Maduro parecía tener un proyecto político ya diseñado, en el cual él es el único hombre del poder. Tenía claro que no se iba a dejar quitar el legado que Hugo Chávez le dejó. Sus tropiezos, errores y equivocaciones, confundieron a la Oposición, que lo vio torpe, ignorante, vacilante y le adjudicaron el sobrenombre de “Maburro”. Entre los opositores el presidente venezolano parecía pan comido, mientras que en la revolución se burlaban a sus espaldas y con disimulo, mientras que públicamente lo defendían como el comandante de la revolución sin creer mucho en que lo fuera.

Incluso la comunidad internacional pensó que la salida de Maduro del poder era un ajedrez con sus jugadas contadas. Entre lo que se incluían como variables estaba la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la que tiene el monopolio de las armas, la única que puede preocuparlo. Pero él es un hombre a quien hasta la suerte lo acompaña, porque le apareció el General en Jefe (Ej) Vladimir Padrino López, con su lealtad a la revolución y con cierto liderazgo en la maltratada Fuerza Armada.

Sin mayor soporte en los cuarteles, Maduro había intentado infructuosamente imponer como líder de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) al Mayor General (Ej) Carlos Alberto Osorio Zambrano. En la mayoría de los comandos del país la preferencia era evidente; las alabanzas eran para el líder fallecido. Las fotos de Chávez eran gigantescos afiches, en las oficinas, los pasillos y los ascensores, que contrastaban con la fotografía pequeña de Maduro en las cadenas de mando.

Quizás para sus adentros él despliega con sorna una sonrisa, mientras avanza silencioso, seguro, claro en la meta fijada, como el Napoleón en su revolución francesa. Se inventó estrategias, planes, aprendió lo que fue necesario del líder eterno de la revolución y desechó lo que no le importaba.

El país se enfrenta a la más terrible crisis económica, mientras hay gente que busca alimento en los basureros, los pacientes desesperados deambulan entre las farmacias y las redes sociales, buscando medicamentos e insumos, para tratar de no morir o los empleados tratando de estirar el sueldo que ya no alcanza ni para comer.

El Presidente habla de la construcción de miles de viviendas, inventó el carnet de la patria que le permite a algunos tener acceso a ciertos beneficios, insiste en la guerra económica y encontró en el nicho de la corrupción el arma más poderosa para aniquilar enemigos internos. Conocedor de la historia de las revoluciones en el mundo, Maduro la adaptó, corrigió los errores de otras y aprendió a controlar a las masas hambrientas e incluso hizo surgir, contra toda oposición interna y externa, a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), sin legitimidad y legalidad, pero también encontró a su Robespierre, en Tareck William Saab, designado por la ANC como Fiscal General de la República.

Y le tocó a RR

De reojo Maduro observa los movimientos de Rafael Ramírez, quizás porque entre las hojas de “El Príncipe”, de su tocayo Nicolás Maquiavelo, encontró aquello de que al enemigo se le conquista o se le elimina. RR, que por su propia condición de creerse aristócrata, subestima al elegido de Chávez,  no lo vio venir, creyó que sus acciones eran erráticas y no planificadas.

Maduro lo mantiene cerca. Lo nombra canciller, después Vicepresidente del Consejo de Ministros para Soberanía Política, cargos que quienes los ocupan saben que son jarrones chinos como casi todos los ministros. Lo vigila, sabe de la inconformidad de RR, quien vaciló esperando que lo reintegraran como ficha de poder, pero el Presidente lo saca del país de manera elegante designándolo Representante Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas. Ya el paso estaba dado. Un empujoncito más y RR sería historia, aunque como las sacadas de muela, trajera su periodo de dolor.

Maduro advirtió las consecuencias de la traición, sin mencionarlo, pero ya estaba confirmado en los sectores más importantes de la revolución bolivariana que RR quedaría fuera del poder. Tratando de detener la hecatombe y siendo fiel al pacto que hay entre la dirigencia chavista de mantenerse unidos, al menos ante la opinión pública, RR publica un artículo criticando la revolución, para que a modo de amenaza Nicolás supiera que iba por él. Ya era tarde.

Ramírez tenía, como carta bajo la manga, al grupo Los Verdaderos Hijos de Chávez, más puntualmente y como aliada a María Gabriela Chávez. Le declaró a CNN que era falso que estaba fuera del cargo, pero esta vez no pudo sostenerse un poco más de tiempo como lo hizo en PDVSA. Maduro le dio como concesión a la hija predilecta del líder de la revolución, retardar por unas horas la salida de RR del cargo y la pérdida de su inmunidad. Así el otrora poderoso hombre de Pdvsa logró salir hacia Italia.

Tareck William Saab aparece en escena. Ordena una investigación por corrupción contra Ramírez. Lo señala de estar vinculado a la creación de una oficina con sede en Viena, Austria, que desfalcó más de 4 mil 800 millones de dólares a Pdvsa y muchos otros señalamientos.

La reacción

Ramírez se atrincheró, trató de usar como aliados a todos aquellos que recibieron algunos favores de cuando estuvo en Pdvsa, pero descubrió, como La Cenicienta cuando llega la medianoche, que ya sin el encanto del poder, se va la magia. Pretendió usar como argumento que fue uno de las únicas cuatro personas a quién Chávez llamó en su lecho de muerte.

Se dedicó, en Twitter y en artículos publicados, a hacer críticas a las políticas económicas del gobierno de Maduro, como descubriendo el hambre que están pasando muchos venezolanos. Cuanto el Vicepresidente, Tareck El Aissami lanza a Maduro como candidato de la revolución para el 2018, responde: “Que yo sepa, no tenemos candidato. Yo soy miembro de la dirección del PSUV, del equipo político del comandante Chávez y hasta ahora no se ha dado ninguna discusión en este sentido”.

Se quejó RR de la censura de la cual fue objeto en algunos medios de comunicación oficiales y privados, entrando así al club de todos aquellos censurados por la presión del poder sobre los medios de comunicación, en un país donde la mayoría de la prensa escrita ha desparecido, numerosas emisoras de radio y canales de televisión.

Para asombro del país, RR se atrevió a criticar la populista medida de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). RR guardó silencio cómplice en el pasado, cuando él era defendido como protegido de Chávez, cuando pregonó que, les gustara o no, Pdvsa era roja rojita. Cuando desvió a la estatal petrolera de su función principal, producir y refinar petróleo, para convertirla en una repartidora de limosnas.

Pero si algo más hay que señalarle a RR es que mientras acusa a Nicolás del desastre económico del país, y ya no habla de guerra económica del imperio, está obviando que fue el gran destructor de la empresa petrolera, de la Nueva Pdvsa, la que terminó convertida en chatarra. Pdvsa era la productora de dólares para Venezuela, pero RR la convirtió en la caja chica de los caprichos del presidente Chávez. “La que mantuvo siempre a esta Revolución a flote”, como reconoce RR.

Pdvsa no disminuyó la brecha entre ricos y pobres, al contrario, hizo a muchos millonarios como al primo de RR, Diego Salazar, con millones de dólares en cuentas en los paraísos fiscales.

RR le pregunta a Nicolás: “¿es que este Pueblo no merece un poco de honestidad?”. Quizás es hora de que Ramírez se aplique esa pregunta a sí mismo y reconozca su participación en la corrupción de Pdvsa y de la revolución.

Acusa a Nicolás de estar asesinando “a la Revolución que el Comandante Chávez nos confió, te has rodeado de tu círculo íntimo, y crees que puedes hacer con este país y con nuestro legado lo que te venga en gana”. Cuando le dice a Maduro que “en una mezcla de prepotencia, ignorancia, incapacidad, cinismo y mucha irresponsabilidad, han llevado a nuestro Pueblo a una situación inimaginable de sufrimiento y humillación”, está demostrando que no lo considera digno de haber sido el sucesor de Chávez y, como a muchos otros, le resulta inaceptable que el chófer de autobús esté por encima de los verdaderos elegidos por un don divino.

Lo que RR reclama es que “el Comandante Chávez no dijo que apartaran a sus equipos de trabajo”, es decir lo que realmente molesta a Ramírez es que ya no sea parte  del poder e incluso se aventura a insinuarse él como candidato.

RR ha empezado a entender que Nicolás lo está aplastando y por eso acude desesperado a buscar ayuda en “Diosdado, Adán, José Vicente, Elías, Carrizales, Carneiro, Castro Soteldo, Aristóbulo, Héctor, a mi General en Jefe Pérez Arcay, al General en Jefe Padrino López, al Comandante del Ejército Churio”, así como a los militantes del PSUV, de las Misiones, de la revolución. Les pregunta si van a permitir que lo linchen moral y políticamente, preguntándose si nadie va a decir nada a favor de Chávez y del pueblo, como si él los encarnara.

Rafael está descubriendo que guardo silencio por demasiado tiempo, así que ahora poco parece importar lo que pueda decirle a un país que perdió la credibilidad en los dirigentes del Gobierno y Oposición. Quizá termine dándose cuenta que Nicolás tiene el arte de esperar para ver la urna de sus enemigos pasar, mientras degusta un café. Y vendrá el próximo.

Por: Sebastiana Barráez Pérez en exclusiva para Punto de Corte.

@SebastianaB

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