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Opinión

Una “extracción quirúrgica” solo se ve en las películas de Hollywood
Una invasión militar en la vida real se traduce en muerte y destrucción.

Por José Ríos Lugo | Lo que voy a exponer aquí no nace del alarmismo ni de la fantasía bélica. No soy experto militar —y es importante subrayarlo—, pero estos últimos 3 meses de 2025 me he dedicado a investigar, analizar y escuchar a quienes sí lo son: figuras como John Nagl , coronel del Ejército de EE.UU., y autoridad en guerras contrainsurgentes, y Michael Shifter , uno de los internacionalistas más respetados de Washington en temas hemisféricos, entre otros. Ambos sostienen desde hace tiempo que un conflicto moderno en territorio venezolano sería “extraordinariamente costoso, impredecible y devastador”.

A partir de sus análisis y del estudio de precedentes como Irak, Afganistán, Haití, Panamá y Granada, se configura un escenario que pocos se atreven a detallar con franqueza: una intervención militar contra Venezuela —total o parcial— podría convertirse en la tragedia más grande del continente en un siglo.

Una guerra que no sería quirúrgica: sería un desmembramiento

Una operación militar norteamericana contra un país de más de 31 millones de habitantes implicaría el despliegue inicial de 50.000 a 150.000 soldados, incrementándose a 200.000–600.000 si el objetivo es ocupar y estabilizar el territorio.

Del lado venezolano entrarían en combate 100.000–130.000 militares profesionales y entre 150.000 y 300.000 milicianos e irregulares dispuestos a operar en zonas densamente pobladas.

En ese tipo de guerra —urbana, irregular, impredecible— los números no mienten:

  • Militares venezolanos muertos: 20.000–80.000
  • Militares estadounidenses muertos o gravemente heridos: 500–5.000
  • Civiles venezolanos muertos: entre 30.000 y 200.000, dependiendo de la duración, los bombardeos, la resistencia urbana y la destrucción de infraestructura crítica.
  • Refugiados y desplazados: 1–5 millones

Y son cifras conservadoras. Lo dicen los expertos, lo dice la historia, lo dice cualquier cálculo militar serio.

La destrucción no sería selectiva: sería total.

Quien imagina una operación “rápida, limpia o limitada” desconoce la realidad.
En cuestión de horas podrían colapsar:

  • El sistema eléctrico nacional por bombardeo de subestaciones y líneas troncales.
  • El agua potable, porque las plantas de bombeo dependen de electricidad estable.
  • El gas doméstico y el combustible, por la paralización de refinerías y tomas de transporte.
  • Internet, fibra óptica y telefonía, destruidos por ataques a nodos y antenas
  • Vías principales, puentes, túneles y autopistas, utilizados como objetivos tácticos para impedir la movilidad militar.
  • Hospitales, que quedarían sin electricidad, sin agua, sin medicinas y sin capacidad de atender civiles heridos.

Venezuela entraría en apagón total, sin agua potable, sin comunicaciones, sin comida, sin medicinas, sin transporte, sin gasolina.

Las ciudades se convertirían en depósitos de seres humanos atrapados, sin capacidad de escapar, sin información y sin garantías de sobrevivencia.

El hambre y la enfermedad matarían más que las balas.

Las guerras modernas tienen un patrón conocido: los muertos directos son menos que los que caen por hambre, infecciones, falta de insulina, falta de diálisis, partos sin atención, heridas mal tratadas, agua contaminada y colapso sanitario.

En Venezuela, donde ya existe fragilidad estructural, este efecto sería multiplicado por cien.

No habría medicamentos. No habría transporte para moverlos. No habría forma de conservar alimentos refrigerados. No habría forma de almacenar agua potable. No habría forma de proteger a los más vulnerables.

Los saqueos, la violencia y la desesperación serían inevitables.

La guerra civil: el peor escenario posible

Si la intervención derroca al Gobierno, pero no logra estabilizar el país —como admiten señalan Nagl y Shifter— Venezuela podría entrar en una guerra civil prolongada, con múltiples facciones compitiendo por territorios, puertos, rutas, minas, gasolina y poder local.

Irregulares, milicias, facciones militares, grupos criminales, narcotráfico, actores extranjeros… todos con armas, todos con intereses, todos sin control central. La guerra podría durar años. Y podría arrastrar a Colombia y Brasil a una inestabilidad profunda.

El contagio regional sería inmediato y brutal

Colombia refugiados enfrentaría un flujo de imposible de contener. Brasil vería una crisis humanitaria en Roraima jamás documentada. El Caribe colapsaría por migraciones masivas por mar. El crimen transnacional aprovecharía el vacío. Ecuador, Perú y Centroamérica sentirían el efecto dominó en cuestión de semanas.

La región entera quedaría sometida a una presión política, económica y social inédita en su historia moderna.

Y Estados Unidos tampoco saldría ileso

Una guerra de esta magnitud fracturaría profundamente a la sociedad norteamericana.

  • Protestas masivas internas
  • Costos económicos descomunales
  • Miles de soldados retornando en ataúdes
  • Investigaciones en el Congreso
  • Polarización extrema
  • Carga directa sobre la administración Trump, cuestionada dentro y fuera del país

No sería una victoria rápida. No sería políticamente rentable. Podría convertirse en un peso insoportable para cualquier presidente.

La conclusión que nadie quiere escuchar.

Una intervención militar en Venezuela no sería “una solución”. Sería un cataclismo regional, una fábrica de muertos, un corredor de hambre, un apagón eterno, un país destruido, una diáspora multiplicada, una generación entera perdida.

Y, lo más peligroso de todo: podría desatar una guerra civil prolongada en el Caribe suramericano.

Por eso este análisis no busca infundir miedo, sino convocar conciencia. Invitar a ver la dimensión real del abismo. Llamar a la reflexión profunda, honesta, responsable.

Porque a veces la única manera de evitar la tragedia es describirla sin anestesia.

La guerra nunca trae libertad. Trae ruinas, orfandad, fracturas y silencio. Y un país no se reconstruye desde un cráter.

Sobre el autor:

José Ríos Lugo (Sr. Romance)

Periodista, analista político, escritor, ensayista, poeta, letrista, productor musical y creador venezolano radicado en Madrid. Pionero en Hispanoamérica en la orquestación musical con inteligencia artificial a partir de letras de su autoría.
Autor de las obras literarias: La salida inteligente (sobre la situación política de Venezuela), Los Secretos del Alma (poemario), Acusado (novela basada en un hecho de la vida real) y Ser humano para ser feliz (ensayo, filosofía para la vida).
Fundador del Movimiento Cultural SER. Una alerta para despertar el alma en “la era del vacío”
Autor de los álbumes musicales: Salvar el Amor (octubre 2024) y Amarnos como Lobos (octubre 2025).
Entre los dos álbumes ya suman 51 canciones, de su puño y letra, orquestadas con IA. Con más de 600 poemas y más de 300 letras para canciones en su haber.

Noti75VargasAdmin

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