Xi Jinping, Putin y el colapso de EEUU como Imperio

China avanza en medio de la tormenta

Recientemente la Asamblea Nacional Popular de China votó a favor de una enmienda constitucional en la que se permite reelegir a un mismo presidente indefinidamente. Nos enteramos recién el 17 de marzo que Xi Jinping fue reelecto por la institución legislativa como presidente de la República Popular China, así también se ratifica como máximo líder del Comité Militar Central.

Pero Xin Jinping no es sólo el presidente de China, el comandante en jefe de su ejército y el líder del partido comunista chino. Es la cara visible de la nación que en este mismo momento enfrenta a Estados Unidos en una guerra comercial iniciada por la administración Trump. Tampoco en balde la propaganda china coloca a su presidente en la genealogía de Mao, llamándolo Gran Timonel. No es cualquier cosa.

Durante los últimos meses, diversos medios y personalidades advirtieron que el actual gobierno estadounidense pretendía desatar una guerra comercial (trade war) como parte de su estrategia contra la fuerza económica china. La guerra por las materias primas se une a las ya establecidas en los ámbitos financieros, tecnológicos, geopolíticos, digitales.

Como se ve, EEUU responde a la asunción económica de China, “competidor estratégico de EEUU” según la recién publicada Estrategia de Seguridad Nacionalde la administración Trump. Desde el ámbito militar se plantea esta ofensiva comercial, que China asimismo responde con la reelección de Xi Jinping.

La irrupción inesperada de China a finales del siglo XX en la escena mundial provocó un cambio de las relaciones interestatales que se afianzó en las últimas dos décadas. El llamado Sur Global ahora se va conformando bajo una posición de fuerza con respecto al Norte. ¿Una nueva manifestación histórica de la Conferencia de Bandung, con la inclusión de Rusia y otros actores de peso en sus escenarios regionales como Venezuela?

He allí un entendimiento entre los países del Sur del mundo, basado en su aumento de peso en el mercado mundial. Ese es el liderazgo que Xi Jinping ha incrementado en los últimos años, y que pretende acentuarse con la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda, proyecto que convoca a la interconexión entre estados basada en una amplia infraestructura tecnológicamente avanzada, con grandes inversiones y tratamiento win-win de las ganancias. El librecambismo en su modalidad china, con una nueva economía global que lo circunda.

No es arriesgado entonces, vista la historia de la humanidad bajo un microscopio, arrojar por cierta la tesis de Giovanni Arrighi y Enrique Dussel de que China, de periferia con el ascenso del capitalismo europeo y estadounidense, pasó a ser otra vez el centro del mercado mundial como en los siglos inmediatamente anteriores a la colonización violenta de América.

Esta confrontación entre China y EEUU, en descenso su cualidad de Imperio, apenas comienza. Lo que único seguro es que Xi Jinping sobrevivirá a Donald Trump.

¡Ahí vienen los rusos!

Esta confrontación entre Occidente y el bloque emergente multipolar se ve más explícita en Medio Oriente, con los cambios de paisaje en Siria. Rusia fue clave para que la balanza se tornara a favor de Irán y sus aliados estatales y no estatales, con su posición suprema de defensa y ataque militar.

Hace poco el presidente Vladimir Putin presentó ante el mundo las nuevas armas rusas, que dejan como chatarra a las de factoría norteamericana. Es evidente que Rusia adelanta a EEUU por varias generaciones en capacidades tecnológicas armamentísticas (nuclear y no), aun cuando los estadounidenses no lo acepten, a excepción del jefe del Comando Central del Ejército de los EEUU.

Seis nuevas armas fueron las presentadas, pero el presidente ruso dice que la lista aún es larga y desconocida para la comunidad global. Mostró cuatro sistemas de misiles (de crucero, hipersónicos, nucleares, intercontinentales, de alcance ilimitado), un vehículo subacuático con armamento misilístico y un arma láser.

El análisis militar de Andrei Martyanov concluye que Rusia desarrolló este novísimo tipo de arsenal a raíz de la estrategia de militarización de todas las ramas de la producción y el comercio por parte de EEUU, lo que resulta en la única manera de sentar en una mesa de negociaciones en el contexto de una posible guerra entre el Norte y el Sur globales.

Al respecto, lo resume The Saker de esta manera: “El objetivo final de los rusos es simple y obvio: lograr una desintegración gradual y pacífica del Imperio Anglosionista combinado con un gradual y pacífico reemplazo de un mundo unipolar gobernado por un hegemón, por otro multipolar administrado conjuntamente con naciones soberanas respetuosas de la ley internacional. Por lo tanto, cualquier resultado violento o catastrófico es sumamente indeseable y debe ser evitado si es posible”.

De hecho, Rusia invierte poco en en la guerra; más bien busca la eficacia tecnológica de las armas para la defensa y el ataque. Apenas gastó apenas un 10% del presupuesto militar gringo. Esto en medio de sanciones, bloqueos, embargos en el marco del sistema financiero y energético mundial, con la intención de aislar políticamente a Putin.

Cosa que no han podido lograr debido a la alianza euroasiática sin precedentes con el objetivo descrito por The Saker, y un signo de ello es la reelección de Putin en los comicios electorales de hoy, 18 de marzo.

Se afincan, así, los liderazgos de Vladimir Putin y Xi Jinping cuando EEUU ve cómo su Imperio se convierte en cenizas.

Con esto, los asesores de Donald Trump estarán muy interesados en las venideras elecciones de Venezuela en mayo de este año, en las que seguramente el presidente Nicolás Maduro será reelecto presidente, un factor que aumentaría el desarrollo “gradual y pacífico” del cambio de escenario global.

Ernesto Cazal

Misión Verdad