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Opinión

10 pautas para la acción en un nuevo momento político
Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich | Dijo un prestigioso psiquiatra español: “No hay nada más práctico que una buena teoría”. Vamos a exponer aquí las que en el título se anuncian:

1. El 3E inició una nueva historia en Venezuela. A los porrazos, a través de una acción desde todo punto de vista repudiable, pero, gústenos o no, esa madrugada ocurrió un punto de inflexión.

2. En el 3E, como en todo evento histórico, hay una dialéctica, incluso una ambivalencia. Diríamos que de sus sombras surge una luz. Eso, en particular debido a la sabia conducta asumida tanto por el gobierno como por la FAN, que nos evitó un desbarrancadero de violencia y destrucción. La recolocación geopolítica de Venezuela tiene enormes implicaciones hacia el futuro. Por lo pronto, supondrá la superación progresiva de las ilegales medidas coercitivas que animó un sector extremista de la oposición.

3. El reseteo de nuestras relaciones con EEUU (que nunca debieron verse perturbadas) va a posibilitar beneficios económicos y comerciales que desde 2017 se habían perdido. Las relaciones con el principal mercado planetario en términos de capacidad adquisitiva (y con el segundo que es Europa, no China), deben facilitar un crecimiento económico estable con niveles moderados de inflación, lo que ha de permitir en corto tiempo la mejora de las condiciones de vida materiales de la población y la revalorización del salario real, las prestaciones y las pensiones.

4. El objetivo es la construcción de una economía social de mercado con un vigoroso Estado de bienestar (según el modelo europeo que ha forjado las sociedades más felices… o menos infelices… con mayor equilibrio entre libertad individual, democracia, desarrollo económico y justicia social, en 6.000 años de historia humana).

5. Esta transformación en el plano económico y social estará o debe estar aparejada con otra en el campo político e institucional. El desmontaje del partido-Estado para dar vida a lo que el artículo 2 de la Constitución vigente establece: “un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

6. De acuerdo a la correlación de fuerzas real, la principal capacidad de cambio reside en las corrientes aperturistas del chavismo gobernante, es decir, en los factores que desde su interior pugnan por explorar eso que la Presidenta ha definido como un nuevo momento político. Admitir, constatar este hecho crucial, determina en buena medida la conducta de los demócratas, aquí y ahora.

7. Ni el extremismo machadista que todavía es hegemónico en el campo opositor al menos desde el punto de vista de la comunicación política, ni la dispersa oposición democrática moderada de centro que aún no logra convertir en fuerza orgánica lo que según todas las encuestas es una mayoría opinática que rechaza los dos extremos, están hoy en capacidad de liderar ese proceso de cambio. Parece natural entonces que la oposición democrática apoye, fortalezca y estimule los signos de cambio que se manifiestan desde el poder. Entre otras razones porque sólo de su éxito depende que se construyan las condiciones políticas y sociales que hagan posible que esa oposición moderada de centro tenga algún futuro.

8. El aperturismo chavista va a encontrar obstáculos e inhibiciones. Unos provenientes de su propio universo, dado el pesado fardo de la vieja cultura política partidocrática, estatista y populista, que ralentiza los cambios. Otros, de su némesis extremista de derecha que, sumida en el reconcomio, la amargura y la frustración, procura entorpecer su actuación, tanto a lo interno como en el exterior. Y luego los que se derivan de la peculiar y tensa relación entre el poder nacional y el hegemón geopolítico hemisférico, USA, siendo una de las tareas del nuevo gobierno la reconstrucción progresiva de nuestra soberanía. La oposición democrática no debe ser espectadora de estas contradicciones sino que debe actuar para resolverlas a favor del gobierno y del proceso de cambios. Está en su interés, habida cuenta de que, como hemos dicho, sólo si el nuevo momento político tiene éxito, podrá despejar su posibilidad de porvenir, como decía el poeta. Pero ante todo está en el interés del país y de su gente.

9. Por todas estas razones, la orientación política principal de la oposición democrática es, debe ser, la de acompañar al gobierno en el impulso de los cambios. Con su palabra persuasiva. Construyendo el piso político firme hacia donde el aperturismo chavista pueda avanzar. Fabricando todos los consensos que este tiempo nuevo reclama. Acompañamiento con autonomía, con capacidad de crítica, pero acompañamiento… sin esguinces y sin ambages. Si las cosas no resultan, si al final los cambios esperados no se producen, pues que no se diga que los demócratas regateamos nuestro concurso cuando la patria lo pedía. En cualquier caso, para decirlo según la frase de Abraham Lincoln, no conviene cruzar el río Fox hasta pisar su orilla.

10. Una oposición de Estado necesariamente comparte la ruta estabilidad-recuperación-elecciones. No se solaza en las dificultades que a su paso encuentra el gobierno. Menos aún trata de sacar partido de ellas. Procura resolverlas. Ayuda a superarlas. Su tema de atención principal no son las eventuales elecciones futuras sino los cambios que deben producirse aquí y ahora: una reforma consensuada de la Constitución, la reingeniería de los Poderes Públicos, la liberalización definitiva de la economía de modo de desatar sus fuerzas productivas, un pacto social antiinflacionario entre el Estado y los principales actores sociales, la normalización de nuestras relaciones con el concierto de naciones (comenzando por los EEUU y Europa). Y si de elecciones se trata, tal vez debería considerarse un cronograma electoral de abajo hacia arriba, comenzando por los municipios, siguiendo por los estados, continuando con la Asamblea Nacional, y terminando con las presidenciales. Así se lograría que los Poderes Nacionales estén construidos sobre la base de una nueva estructura estatal y de poder compartida, plural.

Que el nuevo momento político sea una realidad no es algo que depende sólo de la Presidenta Delcy Rodríguez o del gobierno y el chavismo. También depende de que los ciudadanos actuemos como catalizadores y promotores del cambio. Para ello se requiere de una actitud propositiva, no del habitual talante oposicionista que nada construye.

Los venezolanos tenemos la palabra.

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