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Delcy Rodríguez y el hacer más, hablando menos

En la jerarquía católica, cuando es elegido un cardenal para convertirse en Papa, lo primero que debe hacer es escoger su nombre. Eso, no es un simple trámite, el nombre es un indicador de cómo define la gestión papal.

Por ejemplo: El cardenal Mario Bergoglio se hizo llamar Papa Francisco, porque su pontificado apuntó a la defensa de la tierra y la relación humana con la naturaleza, así como la misericordia. Ambos valores, eran propios de San Francisco, de quien asumió el nombre.

Karol Wojtyla se hizo llamar Juan Pablo II, porque quería incorporar gente a la iglesia, como Juan el Bautista, y predicar en todo el mundo, como Pablo el apóstol.

Leon XIV (El cardenal Prevost) como todos sus predecesores de nombre León, apuestan por el fortalecimiento institucional a través de la acción.

Por ejemplo: En España, la ultra derecha posicionó la narrativa de que el país estaba siendo invadido por la cultura musulmana. Viralizaban videos de musulmanes en alguna fiesta de su legítima fe, o rezando en una mezquita, para decir que el catolicismo que dirigen los Reyes, estaba siendo “arrinconado” por una supuesta oleada musulmana que se estaba apoderando de España por las políticas de apertura migratoria del gobierno de Pedro Sánchez.

La respuesta del Papa, y del Rey, no fue una respuesta comunicacional, ni grandes discursos para desmentir la narrativa, ni engancharse con Vox o el PP en un debate estéril.

La respuesta de la jerarquía católica fue una ACCIÓN: el Papa León XIV se fue a España.
Colapsó Madrid con mucha más fuerza que Bad Bunny en un acto masivo con la juventud católica, y luego se fue a Barcelona, bendijo la nueva torre de la sagrada familia cerró en el estadio olímpico donde fue recibido como un Rock Star con una ovación y un llenazo que solo se iguala a un juego del Barça.

Cero show, cero pelea con público de galería. El Papa fue, llenó todos los sitios a donde asistió y con esa acción, tiró por la borda cualquier narrativa de que los musulmanes tienen invadida España. Demostrando el poder católico de su pontificado y el de los Reyes que controlan el poder del estado en el país mediterráneo.

Algo así, está ocurriendo en Venezuela. Delcy Rodríguez está haciendo (acción) lo que le corresponde hacer, pero hablando menos.

No está haciendo un discurso sobre el retardo procesal, está sacando a gente pobre de la cárcel como el caso del sujeto que tenía once meses esperando juicio por haberse visto involucrado en el presunto robo de un tubo de seis metros.

No está hablando de la lucha desencadenada contra los pranes; se pegó al niño guerrero y ya, como se viene haciendo hace diez años con los pranes.

No está diciendo que va a reformar el gobierno, es que ya el SAREN está apostillando de una, y ya fusionó industria con comercio para que haya una sola voz de mando entre producción y distribución, y no tiene compromiso de nada más allá del cumplimiento de los fines del Estado a través de la acción de gobierno. El que no funciona, se cambia, sin armar conflicto ni entrar en peleas o cuotas.

No se trata de que se esté separando de los ideales políticos, ni de un distanciamiento del plan de la patria. Se trata simplemente de hacer más, y de hablar menos.

Eso es una tarea muy difícil en nuestro modelo caribeño de híper liderazgo, de caudillismo y estilo de hombres en el poder político.

Delcy no ha dejado de defender el Esequibo, de desmantelar el pranato, de agilizar el gobierno, de desmontar las “tribus” de los tribunales o diversificar las exportaciones, como lo venía haciendo el Presidente Nicolás Maduro con el plan de las siete transformaciones.

Tampoco ha dejado de defender los derechos del Presidente secuestrado ni de reunirse con el partido o de transferirle recursos a las comunas a través de proyectos elegidos democráticamente.

Simplemente, es una mujer venezolana y caribeña, haciendo más, y hablando menos; y, cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede.

Marcos Meléndez

@marcosmelendezm

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