Por. Alfredo Tineo
Nunca imaginaron el Presbítero Santiago Machado y la Madre Emilia de San José, que su gran obra social fundada hace 138 años, terminaría siendo ese ícono de salud que ha ayudado a los habitantes del estado Vargas a contar con servicios médicos de primera sin mayores costos para los enfermos y sus familiares. Esto fue posible hasta hace cuatro meses; cuando el doble sismo también afectó sus instalaciones.
Son muchas los servicios de salud los que presta con precios bastante competitivos esta noble institución.
Esos pagos por servicios ajustados a la realidad del bolsillo de los venezolanos, se ven en la calidad de sus servicios: laboratorios operativo; servicios de Rayos X y de tomografía; por no mencionar sus servicios de hospitalización y maternidad que se mantienen gracias a las buena gestión por parte de su gerencia..
Sin lugar a dudas que cuando comparamos este tipo de gestión solidaria con el de la salud pública debemos señalar sin temor a equivocarnos, a la gerencia que por años ha administrado inmensas cantidades de recursos destinados al sector público y que terminan siendo dilapidados por el exceso de personal, la corrupción y la propia extracción de materiales y equipos médicos..
Todo esto que señalo, tiene un común denominador: son gerenciados por médicos vinculados a las esferas del poder..
Mientras en el San José manejan sus recursos con fondos propios productos de los servicios que le prestan a la comunidad, los hospitales derrochan aquellos que reciben del presupuesto del estado y algunas donaciones. ¿Por qué sucede esto? Muy sencillo: los hospitales terminaron siendo el espacio para cumplir con esas cuotas partidistas a donde llegarían una cantidad de personas a trabajar sin mérito alguno; pero que el clientelismo impone en todas las instituciones públicas.
¿Tienen los médicos capacidad para gestionar instituciones de salud pública? Puede que sí; pero visto lo resultados, pareciera que no.
Alguien preguntará, ¿y cómo si lo hacen con las clínicas? La respuesta, también es simple: porque en el sector privado, hay dolientes y se rinden cuentas.
Entonces queda claro que, el problema de nuestra precaria salud pública es de carácter gerencial y le toca a las instituciones de la salud, ser intervenidas, tal como los médicos operan las distintas intervenciones para salvar vidas en los quirófanos: con especialistas.
Una eficiente gestión pública en este importante sector que destina poco más del 6% del PIB para la salud y la seguridad social, debe ser administrado con criterio gerencial. Esto porque, el ajustado presupuesto termina siendo poco, frente a los compromisos que asumen muchos de los hospitales que nada tiene que ver con la función primordial que cumplen.
Una sana gerencia pública; también pasa por saber entender que a los hospitales se llega por auténticas emergencias, no es posible que gran parte de sus atenciones se vaya con servicios que perfectamente pueden ser atendidos en ambulatorios que igual requieren contar con una efectiva gerencia.
La tercerización de servicios debe ser primordial en una sana gestión pública. No es posible seguir teniendo ambulancias inoperantes con decenas de choferes que cobran sin trabajar. Este tipo de servicios puede ser manejado por empresas externas a disposición de la institución cuando así lo requieran.
Igual puede ocurrir con servicios de Rayos X; Tomografías; Ecocardiografías; laboratios y todos aquellos que se necesitan para prestar un óptimo servicio público.
Llegó la hora de sincerar las cosas: la salud pública no es gratuita. Todo lo terminan pagando quienes tienen que buscar en ella, atención. Solo que no se hace directamente por caja; lo hacen teniendo que comprar al detal cada uno de los insumos que el paciente requiere y que supera con creces un salario mínimo.
Los hospitales deben cobrar y también deben pagar a sus personal con parte de esos servicios que cobran. Muchos quirófanos públicos están en mejores condiciones que algunos privados; sin embargo, por falta de insumos, están siendo subutilizados. No hay razón para que tengamos inoperantes esos espacios; teniendo tantas personas en espera por intervenciones. Entonces aquí también hay que estimular una mayor utilización.
Habrá que ofrecer un porcentaje superior al que reciben los cirujanos y sus equipos de intervenciones, en el sector privado.
No faltará quien diga: ¿y cómo hace quien no tiene recursos para ser atendido? Ellos también contarán con la garantía de la asistencia; solo que en un esquema de congestión, algunos insumos serán provisto por el presupuesto y otros por el propio paciente. También tendremos casos; donde con total seguridad, alguien que esté buscando intervenciones en clínicas privadas, pueda ver al hospital como alternativa, a mucho menor precio
Las aseguradoras deberían tener a los hospitales como alternativas para las coberturas. Les aseguro que pudiera haber productos con atención mixta =pública y privadas=; por parte de las empresas aseguradoras, que haría mucho más atractivo ampararse o simplemente, formar parte de cualquier paquete laboral que ayude al trabajador y su grupo familiar, a un menor precio que aquellos productos que se ofrecen en la actualidad.
Es hora de replicar los modelos exitosos de gestión; dentro de los que sin lugar a dudas, está el «Hospital San José» que ahora mismo está muy afectado por las secuelas del terremoto.
El renacer de la nación no pasa por volver a lo que tuvimos; se trata de mejorarlo y poner al ciudadano como el eje principal de atención.





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