BRUNO GALLO
El personalismo es la marca indeleble de la política y la historia venezolana. Contados periodos han logrado poner colectivos en el centro de la escena, atenuando la potencia decisiva y el papel del individuo o la individua (excesos del lenguaje de género). Su exceso es la negación del otro. Donde un héroe copa el escenario los demás sobran, son execrables.
La historiografía bolivariana, destruyó a José Antonio Páez, por mucho el segundo personaje más importante de la Guerra de Independencia, el que incorporó a los jinetes y lanceros del llano, a los sectores populares, determinantes para la victoria final. Pero la sacrosanta religión de los fans de Simón Bolívar decidieron (y no Bolívar) que era un traidor, lo estigmatizaron y ocultaron. Anzoátegui, Monagas, Falcón… Prestan su apellido al estado donde nacieron, al estado donde nació Páez recibe su nombre de un río en el que se ahogó una señora lusitana que nadie sabe si es mito o realidad.
Parecida hazaña logró la historiografía adeca con quien para algunos es el científico más importante de la historia de Venezuela: Humberto Fernández Morán fue arrojado al exilio de la memoria por más de medio siglo.
Personalismo vs democracia
Ese entusiasmo personalista es la antítesis perfecta de la democracia. A la separación de poderes, las elecciones libres, el Estado de Derecho, El pluralismo y los DDHH subyace el respeto a la diversidad. El personalismo, la subordinación al jefe, el gendarme necesario, el híper líder es exactamente lo contrario, desdibujar los colectivos, lo diverso en nombre de la voluntad del líder: Sea Chávez amenazando con convertir en “polvo cósmico” a los que no se incorporen al Partido Único o María Corina Machado alineando a su tropa en Panamá y amenazándolos con destruirlos si insisten en buscar elecciones regionales antes de que ella sea coronada y enfatizando que ELLA o los que ella designe son los voceros del pacto del istmo centroamericano. Por eso, no hubo compromisos con idea alguna, con una agenda. Al estilo Luis XIV para MCM, la señora Sol: “La agenda soy yo”
Ese entusiasmo personalista es la antítesis perfecta de la democracia. A la separación de poderes, las elecciones libres, el Estado de Derecho, El pluralismo y los DDHH subyace el respeto a la diversidad. El personalismo, la subordinación al jefe, el gendarme necesario, el híper líder es exactamente lo contrario, desdibujar los colectivos, lo diverso en nombre de la voluntad del líder: Sea Chávez amenazando con convertir en “polvo cósmico” a los que no se incorporen al Partido Único o María Corina Machado alineando a su tropa en Panamá y amenazándolos con destruirlos si insisten en buscar elecciones regionales antes de que ella sea coronada y enfatizando que ELLA o los que ella designe son los voceros del pacto del istmo centroamericano. Por eso, no hubo compromisos con idea alguna, con una agenda. Al estilo Luis XIV para MCM, la señora Sol: “La agenda soy yo”
Lo que ella no podía prever, era que las fuerzas internacionales que ella convocó, a las que ella les solicitó infames sanciones y ella les suministro la narrativa del Tren de Aragua y el Cartel de los Soles apostarían a la estabilidad (que facilita el suministro de materias primas) y no a una transición con su nombre y apellido, sin garantías sustentables, porque a decir de Trump ella “no tiene el apoyo (institucional? Armado?) ni el respeto (del poder fáctico?) “ (Lo que está entre paréntesis no lo dijo Trump, me lo pregunto yo).
Una Agenda-Pacto de 5 puntos, para construir democracia sin sesgo personalista.
Separación de Poderes: No se trata de una formalidad constitucional para ser burlada en la práctica, sino de un pacto de largo aliento, con previsiones y controles que la garanticen institucional y políticamente. Eso supone el reconocimiento de los otros y la comprensión de que no se trata sólo de un principio teórico, sino de un ejercicio práctico que garantiza justicia, estabilidad y sustentabilidad a un sistema político alternativo.
Separación de Poderes: No se trata de una formalidad constitucional para ser burlada en la práctica, sino de un pacto de largo aliento, con previsiones y controles que la garanticen institucional y políticamente. Eso supone el reconocimiento de los otros y la comprensión de que no se trata sólo de un principio teórico, sino de un ejercicio práctico que garantiza justicia, estabilidad y sustentabilidad a un sistema político alternativo.
Elecciones libres: No suponen una acción urgente y salvadora, sino por el contrario, pactada, consensuada y pensadas para generar cambios reales y sostenibles. Excluir la reelección permanente, el referéndum revocatorio, recuperar la proporcionalidad para las elecciones de cuerpos deliberantes, repensar la estructura del CNE son precondiciones para ir a las urnas, no resultado del poder que constituya el que salga favorecido.
El Estado de Derecho: Se trata de un pacto que más allá de las formalidades y convenciones evite que ningún líder, por carismático y poderoso que sea, por simpático, seductor o autoritario se ponga por encima de las instituciones. Diseñar y respetar mecanismos culturales e institucionales que eviten que nadie se ponga por encima de la Constitución y las leyes es la manera de construir y proteger la Democracia.
El Pluralismo: Un compromiso con la democracia requiere la coexistencia de distintas ideologías, visiones de país y partidos políticos. Debe existir la posibilidad real de que la oposición llegue al gobierno mediante las urnas, garantizando la alternabilidad en el poder para evitar la perpetuación de un solo grupo o peor, un líder personalista.
Los DDHH: Escribo justo el día que se cumplen 50 años del asesinato bajo tortura de Jorge Rodríguez padre. En los años posteriores y más recientes, muchos son los nombres icónicos El aviador Roberto Gonzales, Fernando Albán, Rafael Acosta Arévalo, Isaías Baduel que junto a Víctor Soto, El Profesor Lovera y Fabricio Ojeda, gritan Nunca Más.
El respeto a los DDHH debe ser un pacto sin ambages, cortapisas ni excusas, desde el trato de las policías a los ciudadanos en el más elemental procedimiento, hasta el derecho a decir y actuar en política debe ser garantizado por las leyes y las practicas del Estado en todas las instituciones civiles, policiales y militares y en todos los gobiernos en cualquier espacio territorial.
Los periodos más largos de estabilidad democrática en cualquier latitud, son resultados de Pactos incluyentes, democráticos, sin extremismo ni venganza… La mesa está servida para lograrlo renunciando a nuevos híper liderazgos mesiánicos.










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