Noticias de La Guaira, Venezuela y el mundo

Del dilema a la acción: Ser, creer y la tutela del poder

La célebre duda hamletiana «Ser o no ser, esa es la cuestión», adquiere en este 2026 una densidad histórica insoslayable. El escenario político venezolano no solo enfrenta el pulso de la doble legitimidad entre la Asamblea Nacional de 2015 y la Asamblea Nacional de 2026, sino que se tensiona aún más por una encrucijada estratégica: la exigencia de elecciones inmediatas expresada por diversos sectores y liderazgos como María Corina Machado, frente a la tajante postura del presidente Donald Trump, quien sostiene que Venezuela no está lista aún para un proceso electoral sin una previa estabilización e institucionalización.

En medio de este choque entre la prisa por el voto y el freno del tutelaje internacional, la ciudadanía queda atrapada en el dilema fundamental: creer o no creer en la posibilidad de una salida democrática real que no degenere en una nueva frustración colectiva.

El dilema de la prisa y el freno: El riesgo del «No Ser»

Por un lado, la urgencia de acudir a las urnas responde a una necesidad legítima de soberanía y cambio. Sin embargo, impulsar comicios inmediatos sin reconstruir primero el tejido institucional, los contrapesos del Estado y las garantías electorales corre el riesgo de caer en el «no ser»: repetir el espejismo de votar sin elegir, quemando etapas indispensables para una transición sólida.

Por el otro lado, asumir sin beneficio de inventario el dictamen de Washington de que el país «no está listo» también bordea el «no ser». Permitir que la definición de los tiempos políticos nacionales dependa indefinidamente del arbitrio de un tutor externo es abdicar del deber ciudadano y aceptar una tutela perpetua sobre la voluntad popular.

«El voto no puede ser una válvula de escape vacía ni una promesa postergada indefinidamente por tutelas externas; debe ser el coronamiento de un proceso real de reinstitucionalización.»

La exigencia soberana: El «Creer» y «Ser»

Frente a esta aparente contradicción, el ejercicio de «creer» exige un pragmatismo crítico y maduro. No se trata de optar a ciegas por la inmediatez electoral ni por la inmovilidad tutelada. «Creer» en 2026 significa entender que el diálogo entre la AN 2015 y la AN 2026 debe servirse de la presión del presidente Donald Trump para forzar una ruta de reinstitucionalización acelerada, pero seria y verificable.

Al «creer», la ciudadanía decide «ser»: asume el rol de una tercera fuerza que condiciona la ruta democrática. Le exige a los liderazgos que la demanda electoral vaya acompañada de reformas institucionales de fondo, al tiempo que le demuestra a la comunidad internacional que el pueblo venezolano no necesita ser tutelado eternamente, sino respetado en sus garantías y en sus decisiones.

Conclusión: La decisión que nos define

Ni el ansia de elecciones sin condiciones, ni las trabas burocráticas del poder local, ni la tutela ejecutiva del presidente Donald Trump resolverán la crisis si la sociedad civil actúa como mera espectadora del choque de visiones. El «Ser» político en 2026 nos llama a abandonar la resignación para construir, desde la organización local y la exigencia firme, la ruta hacia una democracia con instituciones verdaderas y poder de decisión soberano.

Ronald Ugueto

Ciudadano de Vargas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *