Trump dinamita la cohesión europea, abandona a Ucrania, fortalece a Rusia e intenta aislar a China
El nuevo enemigo de Europa, una vez la guerra de Ucrania pasa a segundo plano sin haber sido resuelta, ya no es Rusia sino Irán.

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Tras la ya olvidada insurrección europea ante el amago de Donald Trump para anexionarse Groenlandia, las aguas han vuelto a su cauce y el núcleo «duro» de la vieja Europa rinde de nuevo pleitesía directa al presidente estadounidense e indirecta al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que es quien realmente maneja la estrategia de Estados Unidos en Oriente Medio. 

El nuevo enemigo de Europa, una vez la guerra de Ucrania pasa a segundo plano sin haber sido resuelta, ya no es Rusia sino Irán. No por su condición de dictadura teocrática ni su pasada influencia ideológica y religiosa en la región. En esta crisis que pone al mundo al borde del abismo, en realidad es el odio exacerbado de Israel hacia ese país (recíproco por parte de Irán) y su necesidad de arrasarlo, como ya ha hecho con el nonato estado palestino, en Gaza y Cisjordania, la palanca que mueve la estrategia estadounidense y también la europea para Oriente Medio.

La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero ha causado ya cerca de 800 muertos en este país y ha puesto al borde de una conflagración total el Mediterráneo Oriental y todo Oriente Medio, desde el Líbano a Afganistán, desde el Kurdistán a Yemen, con un altísimo riesgo de provocar una crisis económica global si persiste el bloqueo del flujo de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz.

Desde el punto de vista geopolítico, esta guerra esconde el rencor de décadas entre Israel e Irán, y la venganza de EEUU por su salida del tapiz persa con la caída de su aliado el Sha en 1979 (sustituido por los ayatolás chiíes que ahora bombardea). De momento ya ha rebajado la confianza de los aliados árabes del Golfo Pérsico en su protector estadounidense. Aunque los daños causados por los misiles y drones iraníes sobre algunos objetivos en esos países han sido mínimos (el blanco real eran las bases estadounidenses, que sí se han visto más afectadas), Teherán ha sido capaz de insuflar el terror en los muy prósperos estados del Golfo, recordándoles los aciagos tiempos en que el líder iraquí Sadam Huseín los hacía temblar hasta que fue destruido por el amigo americano.

Esta vez, el temor es mayor si cabe, pues Irán posee una alianza clientelista con milicias chiíes por todo Oriente Medio, el llamado Eje de Resistencia que se la tiene jurada a los ricos países del Golfo y, sobre todo, porque está descartada una invasión terrestre como hicieron en 2003 el presidente George Bush y la coalición occidental que lo apoyó.

La insistencia de Irán en atacar objetivos árabes en esos países pretende así crear el clima necesario para que los aliados de EEUU presionen a Washington hacia la negociación. Y esta posibilidad podría ser la salida de emergencia de esta crisis para el propio Trump antes de que se vea atrapado en una prolongada guerra que comprometería su futuro político.

Trump rompe la cohesión europea

Estos tres países, los más poderosos militarmente del viejo continente, han cerrado filas con Washington y se muestran dispuestos a participar en la contienda desde una posición «defensiva», un eufemismo que desmiente su apuesta por hacerse valer ante Trump en su nueva aventura de «pacificación».

El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer, comenzaron calificando como «indiscriminados y desproporcionados» los ataques lanzados por Irán en represalia por la ofensiva masiva de estadounidenses e israelíes. Contra estos, el Bloque E-3 europeo (como se denomina a la entente de Londres, París y Berlín) no ha tenido una sola palabra de condena.

Alemania, Gran Bretaña y Francia se movilizan

Para reforzar su presencia militar en Chipre, Londres ha enviado al Mediterráneo Oriental varias fragatas y cazas de combate, así como sistemas antiaéreos y helicópteros “cazadores de drones”. Las bases británicas en Chipre fueron desplegadas con la independencia de la isla en 1960 y son un elemento clave para la estrategia de seguridad de la OTAN en el Mediterráneo Oriental y Oriente Medio. Grecia, con una relación muy cercana a Chipre, ha enviado dos fragatas para proteger la isla y varios cazas F-16.

Según The Times, el Ministerio de Defensa británico prepara el despacho a la región del HMS Duncan, un destructor de gran envergadura que tiene capacidad para abatir los misiles balísticos y los drones iraníes. Otro destructor, el HMS Dragón, estaría ya en la zona.

Por su parte, el presidente Macron ha olvidado el desprecio que meses atrás le dedicaba Trump al desvelar conversaciones privadas, y ha puesto en zafarrancho de combate al portaaviones nuclear Charles de Gaulle por si tuviera que despacharlo al Mediterráneo Oriental, aunque de momento este navío continúa en sus tareas en el Báltico. Lo que sí ha hecho el alto mando galo ha sido mandar una fragata y medios antiaéreos a Chipre y ha desplegado varios cazas de combate a Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más afectados por los ataques iraníes.

Macron ha aprovechado esta crisis para prometer un rearme nuclear de Francia (el único país de la Unión Europea con armas atómicas) que asuma la defensa del resto de socios comunitarios (Reino Unidos también dispone de este tipo de armamento y no es socio). Es decir, Macron ha aprovechado la supuesta amenaza de Irán contra Europa, para nombrarse a sí mismo paladín de los europeos y acogerlos bajo su ala protectora sin que nadie se lo haya solicitado.

Amenazas de Trump a España

Este martes, Trump, fuera de sí ante el desaire español, amenazó con cortar todo el comercio de su país con España, a la que calificó de «aliado terrible». Una amenaza tras la cual se ve también la mano negra de Netanyahu, quien no perdona las denuncias del Gobierno español por el genocidio israelí cometido en Gaza.

A España no se le escapa la influencia que ha tenido en la orquestación de esta guerra el primer ministro israelí y sus espurios intereses para desarmar a Irán, acabar con su cúpula de poder y reforzar la hegemonía de Israel en Oriente Medio, manejando a su antojo la influencia de Estados Unidos y la vanidad política de Trump en esta región clave para la economía y la geopolítica mundial.ç

A España no se le escapa la influencia que ha tenido en la orquestación de esta guerra el primer ministro israelí y sus espurios intereses para desarmar a Irán, acabar con su cúpula de poder y reforzar la hegemonía de Israel en Oriente Medio, manejando a su antojo la influencia de Estados Unidos y la vanidad política de Trump en esta región clave para la economía y la geopolítica mundial.

Daños a China

Esas pérdidas en la economía del gigante asiático podrían reflejarse, si se prolonga la guerra, en la relación de Pekín con quienes están más implicados en el desastre económico que se está generando. Y no solo con EEUU e Israel, sino también con Europa.

Y podría reforzar los lazos con Rusia, uno de los mayores suministradores del petróleo y el gas que alimentan la economía china. Si Indonesia ya anunció este martes que los problemas para importar petróleo del Golfo la obligaban a aumentar sus compras de EEUU, el gran beneficiado de esta hecatombe energética, China tiene claro que sus adquisiciones vendrán de Rusia.

El temor ucraniano es que se restrinja la venta de armas estadounidenses a los aliados europeos de Ucrania para que después estos las donen a Kiev. Aunque Trump se jactó en la madrugada de este martes de que EEUU dispone de un «suministro ilimitado» de armas , esta no es la realidad. Son ya unos cuantos los congresistas y militares que en EEUU están avisando sobre la sangría que la guerra de Irán, sobre todo si se alarga, tendrá en los arsenales estadounidenses, sobre todo en el armamento más sofisticado. China y Rusia aplauden esta posibilidad.


Juan Antonio Sanz

Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en Bolivia, y analista periodístico en Cuba. Habla inglés y ruso con fluidez. Es autor de un libro de viajes y folclore.

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