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¿Y si lo estamos haciendo mal?

A menudo, la política y la búsqueda de cambios profundos nos llevan a centrarnos en el «qué»: qué queremos lograr, qué falta, qué está mal. Pero nos olvidamos, con demasiada frecuencia, del «cómo». La pregunta que hoy me ronda, y que lanzo al ruedo de la reflexión colectiva, es una que nos incomoda porque nos obliga a soltar las certezas: ¿y si lo estamos haciendo mal?

​Llevar adelante una transición —sea en la esfera de lo público o en la transformación de un modelo de gestión— no es simplemente una cuestión de acumulación de fuerzas o de retórica incendiaria. Es una cuestión de arquitectura social. Si el camino que hemos trazado, en lugar de construir puentes, ha terminado por cavar trincheras más profundas, debemos preguntarnos si nuestra estrategia no está, en realidad, alimentando la misma inercia que pretendemos romper.

​Hacerlo mal significa, muchas veces, confundir el ruido con la incidencia. Creer que la persistencia en métodos agotados traerá resultados distintos es una trampa que nos consume el tiempo y, lo que es peor, la confianza de quienes esperan que algo, finalmente, cambie. La transición no es un evento fortuito; es un proceso que requiere coherencia entre el discurso y la ejecución. Si la pedagogía política se reduce a la consigna, si el liderazgo se convierte en un ejercicio de aislamiento y si la visión de futuro es incapaz de integrar las contradicciones de la realidad, entonces es evidente que el diagnóstico debe cambiar.

​Quizás el error radique en haber creído que el cambio era un destino lineal, cuando es, en esencia, un trabajo de reconstrucción cotidiana. Quizás hemos fallado en entender que una transición sin un propósito compartido —más allá de la simple oposición al presente— es una transición vacía.
​Reconocer que podemos estar fallando en la forma no es un acto de derrota, sino el primer paso hacia una rectificación necesaria. El liderazgo responsable no es aquel que se niega a admitir un error, sino aquel que, ante la evidencia de que las piezas no encajan, tiene el valor de rediseñar el rompecabezas.
​Hoy, más que nunca, necesitamos menos seguidores de un dogma y más hacedores de realidades. Si lo estamos haciendo mal, es momento de cambiar la ruta, pero manteniendo intacta la convicción de que una alternativa es posible, siempre que seamos capaces de construirla desde la humildad, la estrategia y el respeto a la inteligencia de nuestra sociedad.

Ronald Ugueto

Dirigente Político

Ciudadano del Estado Vargas

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