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La Tragedia Griega y la Política Venezolana: El Ciclo Fatal y la Inflexión de la Esperanza

En la Grecia clásica, la tragedia no era un mero entretenimiento espectacular; era una profunda institución pedagógica y ciudadana. A través de ella, filósofos y dramaturgos como Esquilo, Sófocles y Eurípides —y más tarde Aristóteles en su Poética— diseccionaban las pasiones humanas y el ejercicio desmedido del poder. La trama trágica nos enseñó que cuando el gobernante pierde los límites de la prudencia, desata una fuerza inevitable que conduce a la ruina de su propio régimen. Trasladar esta lente clásica al devenir político de Venezuela no es un ejercicio estético, sino una clave analítica para comprender el ciclo histórico que atravesamos.

​I. La Hybris : La Soberbia y la Desmesura del Poder

Toda tragedia se desencadena con la hybris: la soberbia desmedida, el orgullo ciego del gobernante que se siente impune frente a las leyes de la historia y el sentir cívico. Venezuela vivió su propia hybris durante el apogeo del proyecto hegemónico. Al amparo de una bonanza fiscal gigantesca y la concentración absoluta de las instituciones, el poder creyó haber conquistado la eternidad. Se desmontó el contrapeso republicano, se ignoró la norma y se actuó con el desprecio característico de quien se asume intocable. Sin embargo, la lección clásica es implacable: la hybris siempre incuba el germen de su propia destrucción.

II. La Até y la Anagnórisis: El Error Fatal y la Revelación Ciudadana

A la soberbia le sigue la até, un estado de ceguera moral y estratégica donde el autócrata, incapaz de leer la realidad, profundiza sus propios errores de juicio. Aislado en su narrativa dogmática, el régimen empujó al país hacia un colapso institucional y socioeconómico sin precedentes, creyendo que el sometimiento o la apatía serían permanentes.

Es en este punto de dolor donde irrumpe la anagnórisis: el momento del reconocimiento, la caída del velo. Mientras el poder persistía en su ceguera, la sociedad venezolana experimentó un despertar colectivo. El ciudadano comprendió que el destino de la nación no vendría dado por arreglos cupulares ni por concesiones tácticas, sino por la reconstrucción de la dignidad, la ética pública y la organización comunitaria de base.

III. La Peripeteia: El Giro Dramático y el Liderazgo de María Corina Machado

En la estructura dramática, la peripeteia representa el punto de inflexión decisivo, el giro radical que altera el curso aparente de los acontecimientos e invierte la suerte del relato. En la escena nacional, la emergencia y consolidación del liderazgo de María Corina Machado funciona como este catalizador trágico sobre el poder.

Su irrupción no responde a la lógica de la política tradicional de componendas, sino al desafío ético frontal. Representa la constancia, la firmeza doctrinaria y el rechazo a la resignación. Al aglutinar la voluntad cívica en torno a una ruta clara de restitución democrática, su figura quiebra la narrativa de la irremediabilidad, desplazando las reglas con las que el autoritarismo pretendía eternizarse y devolviendo a la ciudadanía el rol protagónico de la historia.

IV. Hacia la Catarsis: El Renacer de la República

El desenlace de toda tragedia clásica busca la catarsis: la liberación y purificación de las pasiones acumuladas a través del dolor para dar paso a un nuevo orden justo y renovado.
​Venezuela transita hoy ese umbral doloroso pero indispensable. La crisis vivida no constituye el fin trágico de nuestra nación, sino el parto complejo de una nueva etapa histórica. Sobre las cenizas de la soberbia estatal y la deriva institucional, la catarsis venezolana se materializará en la reconstrucción cívica, el imperio de la ley y el reencuentro de una sociedad decidida a ser dueña de su propio destino.

Ronald Ugueto

Ciudadano de Vargas

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