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El verbo tener y la reconstrucción institucional de los servicios públicos

Analizar la realidad venezolana exige a menudo acudir a la gramática para entender el alcance de nuestra crisis. Pocas palabras reflejan de manera tan certera nuestra trayectoria colectiva como el verbo tener

En la historia reciente de nuestro país: el contraste entre lo que fuimos, el colapso transversal que hoy padecemos y el compromiso impostergable que debemos asumir para recuperar nuestro futuro.

1. El diagnóstico político: Del tener al carecer

El modo indicativo nos permite registrar con precisión técnica la transformación de un derecho ciudadano en una privación generalizada que hoy no distingue clases sociales.

Lo que tuvimos y habíamos construido

Venezuela tuvo una infraestructura de servicios públicos —electricidad, agua potable, telecomunicaciones y suministro de gas— que figuró entre las más avanzadas y vanguardistas de América Latina. No fue producto del azar, sino del trabajo técnico de generaciones. La centralización desmedida, la falta de mantenimiento, la desprofesionalización y la opacidad presupuestaria terminaron por devorar lo que con tanto esfuerzo se había construido.

Lo que teníamos

Durante décadas, los venezolanos teníamos empresas públicas descentralizadas, guiadas por criterios de eficiencia y normas de calidad. Teníamos un Estado que garantizaba el acceso continuo a los servicios esenciales a un costo razonable. Sin embargo, con el deterioro institucional, teníamos que adaptarnos paulatinamente a esquemas de racionamiento que pasaron de ser una excepción temporal a convertirse en la norma cotidiana.

Lo que tenemos hoy

En el presente, tenemos una realidad innegable: el colapso de los servicios públicos se ha democratizado en su impacto. Aunque los sectores de menores recursos sufren las consecuencias más severas, las clases medias y altas también tienen que recurrir a soluciones privadas improvisadas (plantas eléctricas, cisternas, sistemas satelitales) para suplir la ausencia del Estado. Hoy tenemos un país donde la falta de agua y la inestabilidad eléctrica merman por igual la calidad de vida, la salud y la productividad de todos los ciudadanos sin distinción.

2. La transición y la reinstitucionalización: El futuro inmediato del tener

Frente al diagnóstico de la parálisis, el verbo tener debe proyectarse hacia la acción, la recuperación y el horizonte de la reconstrucción nacional.

Lo que tendremos

Una vez iniciada la transición y recuperada la autonomía de los Poderes Públicos, tendremos instituciones enfocadas en la eficiencia técnica, despolitizadas y transparentes. En el futuro inmediato, tendremos una gestión descentralizada del agua, un sistema eléctrico interconectado y robusto, y redes de servicios impulsadas por la cooperación pública y privada. La luz, el agua y el gas tendrán nuevamente el rango de derechos garantizados con calidad para cada hogar venezolano.

Lo que habremos tenido que superar

Cuando la reinstitucionalización se consolide: habremos tenido que atravesar un período de reformas profundas, ajustes técnicos e inversiones masivas. Pero, sobre todo, habremos tenido la capacidad colectiva de transformar el aprendizaje de la escasez en el motor de una nueva cultura ciudadana, cimentada en la contraloría social, la responsabilidad y la exigencia de transparencia.

3. El imperativo ciudadano: La lucha por la grandeza

El paso del presente crítico al futuro próspero no ocurrirá de forma automática ni por inercia; exige el compromiso activo de la sociedad civil.

Hoy, más que nunca, todos los ciudadanos tenemos la responsabilidad histórica y moral de luchar por la reinstitucionalización de nuestras leyes, el rescate de la democracia y la transición en el país. Solamente cuando tengamos instituciones sólidas, transparentes e independientes, tendremos de vuelta el bienestar, los servicios públicos dignos y la grandeza que Venezuela merece.

RONALD UGUETO

Ciudadano de Vargas

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