Por Alfredo Tineo
El acuerdo petrolero recientemente anunciado por nuestro tutor: Donald Trump, ha puesto al colectivo político nacional en modo: “Alerta”.
Ver las declaraciones de los deudos de Chávez una inconformidad abismal y al mismo tiempo, leer a quienes hasta hace poco sostenían tesis parecidas al anuncio: privatización de nuestra industria, concesiones, convenios, operaciones mixtas; entre otras Y me pregunto: ¿Cuál es la razón?
En el capitalismo de estado convergen todos: adecos, copeyanos, chavistas, maduristas y las nuevas generaciones políticas que esperan tener esa experiencia de hacer populismo financiado con el Petróleo.
Es muy bueno para quien gobierna o espera gobernar, contar con una fuente inagotable de recursos para aumentar solidaridades. Esa política nos llevó a las peores cifras de pobreza del continente, una pérdida de la producción petrolera y con ella: la caída del PIB en casi dos terceras partes que, sumado a los controles que se establecieron, llevaron a millones de venezolanos a abandonar suelo patrio y buscar nuevas oportunidades en otros lugares.
Hoy, cuando las cosas comienzan a cambiar en lo politico: la clase dirigente opositora entra en contradicción con su propio discurso y se aferra a un legalismo basado en la representatividad que poco o nada, sirve para el debate.
No hemos entendido ni mucho menos, revisado nuestra historia económica. Venezuela tuvo el mejor crecimiento y el más largo sostenido en América por décadas; justamente cuando las operaciones petroleras estaban en manos de privados. Hay que recordar que, fue con el régimen de Juan Vicente Gómez donde se dieron las primeras concesiones y las relaciones entre Washington y Venezuela la mayoría de las veces se han dado con regímenes no democráticos.
Lo importante no era quien firmaba los convenios o cuánto dinero se llevaban las operadoras. Lo resaltante fue que, el petróleo cambió nuestra realidad económica generando prosperidad, movilidad social y empleos bien remunerados. Todo esto fue posible hasta la nacionalización, en enero de 1976.
Allí comenzó el sueño de muchos políticos que tenían como financiar más el gasto; pero apareció la pesadilla para los ciudadanos: decrecimiento, desempleo, devaluaciones y altas tasas de inflación.
Por eso vemos cincuenta años después, la molestia que una medida como la anunciada por Trump: extraer 65 mil millones de barriles por las operadoras norteameicanas, no termina de gustar; ni mucho menos, la de ser aceptada.
Pues lo lamentamos por ustedes; porque el ciudadano venezolano pide austeridad, inversiones, nuevos empleos, control de la inflación, restitución del poder de compras de la clase trabajadora y los pensionados del país.
Ya tuvimos el 100% de algo y mira como terminamos.
Venezuela se recuperará de la mano de su mejor aliado: Los Estados Unidos de América.











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