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¿Traición, negociación o real política?

Por Alfredo Tineo

El escenario político nacional ha estado marcado en los últimos días, por el proceso en marcha que se lleva a cabo y que se conoce como la «nueva mesa de negociación». Para muchos, con toda razón, puede ser un evento más que dilate el cambio político.
Para otros, dentro de los que me incluyo: representa una verdadera oportunidad de sanear las debilitadas y politizadas instituciones públicas de Venezuela que, siguen al servicio de una parcialidad política, y no al servicio del país.

¿Qué me hace ser optimista en esta oportunidad? El hecho que estas negociaciones estén tuteladas por el gobierno de Donald Trump.

Por eso, no me deja de sorprender, las recientes declaraciones de Henry Alviarez, uno de los principales voceros del partido Vente Venezuela; cuando expresa que en la composición de la mesa, hay una falta de legitimidad en el grupo político opositor que encabeza la diputado Dinorah Figuera.

El debate no puede ser cuál grupo es más legítimo que otro. Porque si de ilegitimidad hablamos, no hay duda que los menos legítimos son quienes tienen las riendas del poder en Venezuela.

Tampoco se puede caer en el error de intentar llevar soluciones jurídicas en un país carente de instituciones firmes que velen por el estado de derecho.

Por lo tanto, la solución es política. En ese marco, se está llevando a cabo estos encuentros que necesariamente buscan el cambio de rumbo y avanzar hacia una real transición que nos deberían llevar a unas elecciones libres.

Imponer otra narrativa es no comprender el momento histórico y además, no entender que quienes hoy gobiernan: cuentan con herramientas para mantenerse en el poder; aunque no sea de nuestro agrado.

La configuración de la nueva Venezuela pasa por entendernos y no caer en el perverso revanchismo que tanto daño ha causado en los últimos 27 años.
La lógica política indica que, se le debe dar total confianza a los negociadores que deben por todos los medios, garantizar una nueva geometría de poder y garantizar derechos a aquellos que por años no los negaron.

De eso se trata. No es una transacción; tampoco un reacomodo, hablamos de sembrar las semillas que darán los frutos que todos deseamos probar: la libertad y una segura gobernabilidad; donde la sociedad aprecie la llegada de las inversiones, la creación de nuevos empleos, un signo monetario estable y lo más importante, la recuperación del poder adquisitivo tanto de la clase trabajadora, como la de nuestros pensionados y jubilados.
El país espera de nosotros seriedad y compromiso. No hacerlo si sería una traición..

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